lunes, 17 de marzo de 2014

Un viejo caballero

Una pequeña anécdota

Introducción
Al lado de mi oficina hay una empresa especializada en gestionar Servicios de limpieza, en la cual entra y sale un abuelito muy majo, de esos que sonríen por cualquier cosa. Su descripción física sería la siguiente: tiene una melena canosa rala pero al fin y al cabo, pelo. Sus ojos son más pequeños que los míos (que los hay) y tiene una tez roja que no tiene nada que envidiar a Kócum, el pretendiente de Pocahontas que tenía dos huellas de oso en los pectorales. Él viene todos los días con su americana azul oscura sin corbata. Creo que en realidad, la empresa la lleva su hijo y el abuelito viene ya por costumbre. Hace más de un año que somos “conocidos” y cuando coincidíamos, me buscaba con la mirada y me sonreía, así que terminé saludándole como a uno más. 




Nudo
El verano pasado, mientras esperaba en la calle a que saliesen mis compañeros para comer, me puse a la sombra y observé que se acercaba el abuelito sonriendo como siempre. Nunca habíamos mantenido una conversación y esta vez sería la primera. Sin preludio alguno, estuvo contándome que le habían puesto una multa de tráfico y no sabía cómo gestionarlo. Estaba indignado y fruncía mucho las cejas. Yo sólo asentía, sosteniéndole la mirada para darle a entender que le estaba escuchando. No esperaba oír esa historia. Lo normal en estas situaciones es que me pregunten (dada mi naturaleza oriental y exótica) que de dónde soy, que si estudio o trabajo, escuchar que les sorprende mi perfecto castellano y que después me pregunten por mi nombre y por su significado; esos tópicos a los que cualquier asiática ha experimentado innumerables veces a lo largo de su vida. La verdad es que sólo quería hablarme y conocerme; ir más allá del saludo cordial. Me gustaría remarcar que, además de oriental y exótica, ese día llevaba puesto un sombrero de paja con un cinto de flores, así que encima iba mona. 


Desenlace
Hace mucho tiempo que no le veo. 

Hoy he salido del metro. Eran más de las 14:30. No tenía mucha hambre pero me compré un bocadillo (de ensaladilla de cangrejo, por si a alguien le interesa) en la pastelería. El sol me daba de frente y estaba muy cansada. Iba pensando en lo bien que estaría metida en mi cama olvidándome de todo el mundo mientras caminaba hacia la oficina. Luego vi que en dirección contraria venía andando el abuelito acompañado de un señor que supuse que sería su hijo. Yo me preparé para sonreírle y saludarle. Al cruzarnos, el abuelito se paró y dijo: “¡¡¡Hola!!!”. Era la primera vez que me saludaba tan emocionado. Tenía ambas manos abiertas como si fuese a darme un abrazo. Me tendió una mano y se la cogí. Y él, muy decidido, me dio un microbesito en la mano, casi invisible, y me dijo: “¡Cómo me alegro de verte, guapa! Adiós, adiós”. Y me alegró el resto del día.


... Y pensé que sería un post muy bonito que tenía que recoger.


Moraleja
- Moraleja 1: Ya lo sabemos todos pero lo olvidamos y por eso es bueno recordarlo: es muy fácil ser feliz. 
- Moraleja 2: Hay tiempo para todo. La clave está en organizarse bien. 
- Moraleja 3: "Anything worth doing can be done". Me lo dijo una galletita de la suerte.
- Moraleja 4: a la ensaladilla de cangrejo le pondría un poco de cebolla picada.

Moralejas 2 y 3 son notas mentales mías. Además, quería sacar muchas moralejas, aunque no tengan que ver con la anécdota.


Epílogo
Creo que ya nos hemos preguntamos por nuestros nombres pero ahora mismo no lo recuerdo; ya se lo volveré a preguntar. Seguro que tampoco se acuerda del mío, pero da igual. Lo importante es que ya somos amigos.

Puede ser que, como no he tenido la suerte de crecer junto a mis abuelos, no sé lo que es que te mimen y te digan siempre lo guapa que eres, que te den la razón a pesar de que no la tengas cuando discutes con tu madre, que te regalen 50 euros por Reyes, o que tu abuela te haga croquetas cada vez que haya una buena noticia que celebrar y convoque una cena familiar por teléfono, pero que después ella vaya advirtiendo que no la llaméis hasta dentro de una hora al menos porque tendrá las manos manchadas de bechamel (me das mucha envidia, Serdo). 

Espero que el abuelito viva sano durante muchos años más. 



lunes, 10 de marzo de 2014

Ningún león ha oído hablar nunca de Spinoza


Celos. Amor. Envidia. Odio. Pasión.
Los motores de la vida en constante tensión. La dialéctica de las ideas que impulsa hacia adelante. El desequilibrio como punto de partida. Venganza. Reencuentro.
Las fuerzas antagónicas. El materialismo dialéctico marxista, la contradicción como clave. Sócrates y la mayéutica, la pregunta como método para hacer nacer las respuestas.

El subtexto.
La comunicación como el avistamiento de icebergs. El troquelaje y cómo nos moldea el contacto con los demás. La próxemica y la kinésica. El análisis de la información consciente e inconsciente. La interpretación de los signos comunicativos y la importancia de descifrar los códigos sociales y personales.

El individuo DospuntoCero.
Las redes sociales y la cultura del no contacto. El postureo y las gafas de pasta. La autofoto y la conciencia del yo. Los riesgos de extraer pendrives sin seguridad, los cortafuegos y los dobles núcleos. La saturación de la memoria RAM y el formateo como única salida.

Los brindis al sol, el amor imposible.
En la búsqueda de la verdad, somos nuestros mayores enemigos. El sabotaje propio es el peor de los sabotajes. Enamorarse de la persona equivocada en el lugar y en el momento equivocados. Tener el don de la oportunidad. Surtir efecto. Tocar fondo. Salir a flote. Choose life.

Transgredir, conformarse, atreverse, estar furioso… leer a Lope de Vega, analizar la tectónica de placas, arder en el infierno, tocar el cielo. Congelar datos, subirlos a SharePoint. Calentar motores, cerrar heridas. Sufrir por amor, amar el sufrimiento. Choose not to choose.

En realidad lo que se dice es un mero pretexto para demostrar algo que hay que sobreentender. Olvidarlo todo, escribir unas memorias. Rodar colina abajo.
No hay nada más, ni tampoco menos, que decir en tanto, y tan poco, espacio.

Ningún león ha oído hablar nunca de Spinoza. Brindemos por ello.