lunes, 27 de octubre de 2014

Chamuscada

Selecciones necesarias y envergadura de mi identidad


Durante varias horas estuve preguntándome por qué tenía que ser comprensiva, empática, dejar las cosas pasar y sonreír de nuevo al día siguiente. No es complicado, ya lo sé. Se da por sentado que uno debe comportarse de esta manera. El problema es hacerlo cuando te carcome el desgaste un día sí y otro también. Y cuando te quieres dar cuenta han pasado más de dos días. Puede que hoy incluso haya cumplido dos años.


Quiero dar patadas a ese Estridente Positivismo que empezó su primera conquista con LinkedIn (y más tarde la vida de personal de uno mismo) para dejar salir mi Yo auténtico, el natural, el biológico, o como quiera uno llamarlo. Las bromas de quinceañeras me cansan profundamente; será que he perdido sentido del humor, o puede que haya aprendido a no reírme de cosas que de verdad no me hacen gracia. Admito que al principio me sentía incómoda y azorada puesto que no era así como “debería” comportarme. Lejos de parecer una heroína, mis debilidades saltaron en trampolín alborotadas. Pasó un rato y otro y llegué a esta conclusión: "Es difícil ser uno mismo". Visualicé la frase en mi cabeza.



No busco hacerme la víctima ni vanagloriarme de absolutamente nada. Solo necesito reafirmar (otra vez, y muchas más que vendrán) mi propia identidad, recordar quién soy. Los egoístas seguirán ahí mañana, pasado y así hasta que lleguen los 4 Jinetes del Apocalipsis, así que he decidido dejar de ser  influenciable a aquello que desgaste mi Yo natural. Recordé lo importante que es rodearse de personas genuinas y quise dejar atrás aquellos tomates insípidos. Debe ser que con el paso de los otoños y primaveras, los tintos y los turrones, si una aprende (más o menos) a cuidar de sí misma prioriza, entre otras cosas, el cuidado de la identidad propia.


O será que hoy estoy malhumorada. O como suelo decir en casos extremos, “hasta el chichi!!”. Hasta el chichi de tener que mostrar respeto cuando a una no se lo dan, tener que sonreír cuando no quiero, escuchar verdaderas tonterías y seguir el rollo, tragar chistes de mal gusto y actuar como una persona tolerante con un idiota al que solo le darías collejas.  

Otra cosa que estoy aprendiendo últimamente es a ser selectiva con mis comentarios (sí, debe ser uno de los secretos de la longevidad, y no las cremas anti-edad), cuyo grado de mayor o menor sinceridad depende de lo que quiera oír tu receptor. A riesgo de sonar vanidosa (que no lo es), a veces me río intensamente en mi fuero interno cuando les digo "lo que quieren oír". Y todos contentos: ellos escuchan la respuesta banal de turno y a mí me dejan en paz. Sin embargo, a veces es más efectivo lo contrario: decir una verdad tan grande como una catedral y que nunca se vuelva a mencionar el tema.


Si has leído hasta aquí quizá creas que voy a acabar el post con un colapso mental.


O que quizá busque un culpable al que llevar a la hoguera.


No existe una conclusión satisfactoria porque sé que mañana cuando me levante el problema seguirá existiendo. Si la solución estuviese en mis manos ya estaría en conversaciones avanzadas con algún matón para darle instrucciones minuciosas (Nota mental: plan B - Conjura).



Con cosas como estas veo la poca paciencia que tengo y que, aunque sea poca, debería racionarla con gente que de verdad merezca la pena, no usarla con aquellos que no me aportan nada. Y no sólo la paciencia, sino la atención, el cariño, la amabilidad… en definitiva, mi Tiempo.


Pese al desgaste debo asumir que no puedo encerrarme en una cueva y olvidarme de vivir en sociedad, ya que no estamos hechos para vivir aislados. Resistir es la siguiente casilla, en la cual se suele estar durante un tiempo indefinido. Mientras digiero tantas tonterías que dan hasta pena oírlas y aguardo sin ilusión las que aún me quedan por oír, una nueva arruga surgirá en mi frente. Con suerte terminaré cogiéndole hasta cariño. Quizá hasta me haga parecer más interesante. Sí, ¿por qué no?



domingo, 26 de octubre de 2014

Disculpe que no me levante

Sobre el amor, Newton, las zanahorias y los burros


El amor es el nuevo viernes. El amor mueve millones de personas, de dólares/euros/libras, de kilojulios de energía y newtons de fuerza; nos hace héroes y villanos, nos convierte en peleles, nos hace invencibles, nos nubla razón, nos da razones para seguir adelante; asegura la pervivencia de la especie y expone a los peligros más absurdos. Es nuestro primer y más importante instinto humano, el único capaz de hacernos morir y matar por él; el único que nos asegura la inmortalidad.

Estamos diseñados para amar, destinados a ello. Y aun así nos resulta tan difícil compartir este sentimiento... o tal vez estemos deseando amar. Amamos equipos de fútbol, canciones, nuestra patria, nuestras posesiones, nuestras mascotas, nuestro corte de pelo. Quizás por eso ponemos parte de nuestro afecto en las cosas materiales que tenemos y cuando perdemos algo y preguntamos sobre su paradero decimos "tiene un gran valor sentimental para mí".

But... let's cut the crap, ok? Todo eso son gilipolleces y lo sabes. Vivimos en un mundo individualista, egocéntrico, materialista y antisolidario... ya! No hay más ciego que el que no quiere ver.
Las cosas caen por su propio peso. Eso quiso quizás decirnos Newton con sus leyes de la gravitación universal. Y no existe el movimiento perpetuo... que en esta casa rigen las leyes de la termodinámica!


Aunque eso no lo tengo yo tan claro, lo de que no sean posibles los movimientos perpetuos y lo de que el mundo sea tan individualista, digo. El amor es uno de los conceptos más rentables que existen: redes sociales, películas, moda, productos de estética, bares y discotecas. Cuántas veces al día ves cosas en forma de corazón...?
Todos se alimentan de la necesidad de los humanos de ser sociales y todos aspiran a conseguir el amor de los demás.

Porque al final todo está relacionado. Y qué tiene que ver la gravedad con el amor?
Qué es la gravedad sino un fenómeno de atracción que ejerce la Tierra sobre los cuerpos? Qué es el amor sino un fenómeno de atracción que existe entre los cuerpos que habitan la Tierra?

Si atendemos a la teoría gravitatoria clásica, la fuerza es mayor si los objetos están próximos y mientras se van alejando dicha fuerza pierde intensidad. 

En el amor, como en la metáfora de la zanahoria y el burro, la distancia que te separa de obtenerla -aunque siempre sea la misma- parece diferente y es ese engaño lo que impulsa a caminar. Aquellos que te aprecian te dirán: "Mira!, ahora está mucho más cerca", y en realidad sigue a la misma distancia, igual de inalcanzable, pero lo hacen porque reconforta, porque ellos también quieren creerlo.

El amor es así, estamos diseñados para buscarlo aunque siempre estemos igual de lejos de conseguirlo, a pesar de que a veces parezca que estamos a las puertas, que lo tocamos con la punta de los dedos. Es un algo intangible que nos agitan delante del hocico para hacernos caminar.
Pues aquí se nos ha parado la burra, fíjate tú. Eso sí, una burra con escuadra, cartabón y transportador de ángulos. Una burra que sabe que cateto al cuadrado más cateto al cuadrado son demasiados catetos para seguir sumando.