viernes, 27 de febrero de 2015

Respirar. Latir. Doler. Sobrevivir.


El dolor es uno de los mecanismos que tiene el cuerpo para alertar de los peligros. La carencia de éste nos pone en grave riesgo, ejemplo de ello es la enfermedad de la 'analgesia congénita' que implica la ausencia total de la capacidad para percibir el dolor o la temperatura y quienes la padecen tienen una esperanza de vida muy inferior a la media.

¿Es el dolor lo que mantiene vivos? ¿O quizás lo que nos ayuda a sobrevivir es el miedo al dolor?

El miedo es otro mecanismo de vigilancia que procesa todo la información que percibimos y reacciona ante cualquier sospecha de peligro; se anticipa al dolor tratando de evitarlo.

Aunque hay veces que el miedo no nos da el aviso; en algunas ocasiones, no existe alarma que valga para evitarlo, porque el dolor es invisible, intangible.

En neurología existe lo que se llaman 'fantasmas'. Un fantasma es un recuerdo o imagen persistente de una parte del cuerpo, normalmente una extremidad, durante meses o años después de su pérdida.

¿Cómo puede doler algo que ya no forma parte de ti?

La explicación científica supongo que diría que el dolor, -como el resto de los sentimientos, emociones y sensaciones-, está en la mente. 
Esto del dolor fantasma parece ciencia-ficción cuando se habla de molestias que persisten en una pierna amputada, pero quizás no sea tan complicado empatizar con esta aflicción si se habla de perder a ser querido.

El amor es una forma de energía, posiblemente una de las más poderosas que existen, ya que influye en todo lo que rodea a la Humanidad, no en vano se trata del modo elegido por el ser más evolucionado de la Tierra para perpetuar la especie... algo debe importar.

Pero la utilidad del amor va más allá, según unos científicos de la Universidad de Stanford, el amor apasionado hace que el dolor remitase atenúe, incluso puede llegar a borrarlo por completo... de ahí que se pueda hablar de un efecto analgésico del amor. 

Pero, ¿qué ocurre cuando el dolor proviene directamente de la fuente de curación? ¿Qué haces cuando lo que te cura te envenena? 

Solo se me ocurren dos opciones: desarrollar tolerancia y terminar siendo inmune o escupir la pastilla al aire y vivir al margen de la medicina moderna.
Desconozco cuál será (o si habrá alguna) opción buena, sólo soy consciente de que necesito que deje de doler... 


Amor es lo que hace que todo tenga sentido o que levantarse de la cama carezca de incentivo alguno. El amor es ese faro que nos guía a través del vacío de la existencia, que nos hace abrazar la vida y propagarla aun sabiendo que estamos destinados a morir en ella. 

Entonces me pregunto... ¿cuál es la utilidad de amar algo que ya no existe?

Tal vez sea la manera de doler del amor, un mecanismo de supervivencia, para que la próxima vez que percibas algo similar lo etiquetes de peligroso, tengas miedo de acercarte y conserves tu integridad emocional.

O quizás simplemente sea la manera que tiene la vida de decirte que algo formó parte de ti: que le hiciste hueco, que te importó, que lo perdiste... pero que se curará. 



lunes, 9 de febrero de 2015

Afasia emocional

Sobre la ilusión, los mejunjes art attack y los significados en busca de palabras que los winzipeen




ILUSIÓN
1. Imagen sugerida por los sentidos que carece de verdadera realidad.
2. Esperanza que carece de fundamento en la realidad.
3. Entusiasmo, alegría.

Entonces... ¿ilusionada o ilusa? ¿Dónde trazamos la frontera o en base a qué establecemos el matiz entre una y otra?
Según varios diccionarios consultados, predominan las definiciones (tanto en número como en aparición jerárquica) que consideran que la ilusión es una interpretación errónea de la realidad, incluso según algunos autores es el resultado de "poca claridad perceptiva y un estado emocional intenso". A partir de ahora tendré más cuidado al ilusionarme con algo. 

Sin embargo, la duda que me asalta ahora es... ¿cuál es el verbo que debo utilizar para hablar de la esperanza que se siente cuando se espera que algo sea por fin bueno sin que parezca ingenua o esquizofrénica?
Lo pregunto para poder aplicármelo la próxima vez que albergue algún tipo de expectativa sobre la bondad de algún proyecto que está en marcha y que parezca factible y positivo para mi vida e intereses, si es que vuelvo a dar cobijo a semejante delirio de grandeza.

Y ante esta disyuntiva me hallo y pienso que faltan palabras en el lenguaje cervantino para expresar sentimientos complejos. Porque en esto de los sentimientos, parece que los españoles también "somos más de follar."

En fin, para hablar de una sensación hemos de reflexionar sobre ella, lo que implica tomar distancia de nuestra sensación.
Pero las sensaciones y los recuerdos terminan mezclándose en nuestro cerebro. Cada vivencia que tenemos acaba construyendo un núcleo emotivo y cada vez que recordamos una experiencia reescribimos sobre ella, dotándola de una nueva dimensión, impregnándola de aquel estado de ánimo que teníamos al evocarla o esa otra reacción que provocamos en nuestro interlocutor al compartirla. Y sin embargo, no cambiamos la palabra que asociamos a ella la primera vez, con lo que adulteramos el sentido de las palabras y acabamos con un mejunje art attack mental y visceral de agárrate y no te menees.

Nuestros recuerdos están por tanto encadenados a emociones que van actualizándose constantemente hasta que todo queda envuelto, etiquetado y almacenado en nuestra quijotera con un nombre final que cumple con los criterios de la Unión Europea de estandarización, pero que a la hora de la verdad no sabemos cuáles son los ingredientes y eso a veces es importante, porque pensamos que somos intolerantes a la lactosa, y en realidad lo que nos sienta mal es ponernos pantalones para sordomudos.

Por eso resultaría necesario desaprender dentro del proceso de vestirse de pies a cabeza para el día a día. Igual que cuando llega la colección primavera-verano cogemos la bufanda de la Conchi y la guardamos porque ya no aplica, igual que también ocurre con las máquinas, que en ocasiones es preciso volver a la configuración inicial, formatear, desfragmentar y volver a empezar. Porque algunas veces hay que ir hacia atrás para poder seguir adelante.
Para los más románticos, la metáfora sería la de las novelas de Diseña tu propia aventura, cuando elegías un camino y esa opción terminaba contigo antes de decir "Jesús!"; ahí no quedaba otra que volver atrás y recalcular la ruta.

Tenemos que reaprender todo lo que sabemos y que no nos vale. Como cuando un programa está obsoleto y hay que bajarse una nueva versión. Debemos descubrir que existen otros caminos que permiten llegar al destino deseado, pero implica una condición fundamental: hay que independizarse de conceptos o ideas arraigados y erróneos, que se inculcan en la familia, con los que hemos crecido, que hemos aprendido o que hemos llegado a creernos. Ideas y asociaciones que nunca hemos puesto bajo el microscopio de nuestra inteligencia para examinar si en realidad tienen sentido o no son más que una filfa. La clave está en cambiar los paradigmas, volver a experimentar, replantearse todo aquello que creemos haber sabido todos estos años, reconocernos incultos, dotar de nuevos significados a las palabras amor, amistad, éxito, futuro... reescribir esos archivos con lo que quiera que nos borbotee en el magín.

Y escribe, lee, comparte, siente, construye, olvida todo lo que no quieras recordar y vuelve a empezar. Vive tu vida sabiendo que si disfrutas de algo efímero con toda tu alma, jamás te lamentarás de no haber hecho más... porque era imposible. 
Recuerda que las palabras definen cosas/sentimientos/situaciones que están en constante movimiento y que cuando no hay palabras que recojan aquello que ya existe hay que inventar una nueva palabra o quizás buscarla por el mundo.
Viajemos en busca de palabras para expresar lo que nos pasa... o mejor aún: que nos pasen tantas cosas que nunca encontremos palabras para categorizarlas todas.