El dolor es uno de los mecanismos que tiene el cuerpo para alertar de los peligros. La carencia de éste nos pone en grave riesgo, ejemplo de ello es la enfermedad de la 'analgesia congénita' que implica la ausencia total de la capacidad para percibir el dolor o la temperatura y quienes la padecen tienen una esperanza de vida muy inferior a la media.
¿Es el dolor lo que mantiene vivos? ¿O quizás lo que nos ayuda a sobrevivir es el miedo al dolor?
El miedo es otro mecanismo de vigilancia que procesa todo la información que percibimos y reacciona ante cualquier sospecha de peligro; se anticipa al dolor tratando de evitarlo.
Aunque hay veces que el miedo no nos da el aviso; en algunas ocasiones, no existe alarma que valga para evitarlo, porque el dolor es invisible, intangible.
En neurología existe lo que se llaman 'fantasmas'. Un fantasma es un recuerdo o imagen persistente de una parte del cuerpo, normalmente una extremidad, durante meses o años después de su pérdida.
¿Cómo puede doler algo que ya no forma parte de ti?
La explicación científica supongo que diría que el dolor, -como el resto de los sentimientos, emociones y sensaciones-, está en la mente.
Esto del dolor fantasma parece ciencia-ficción cuando se habla de molestias que persisten en una pierna amputada, pero quizás no sea tan complicado empatizar con esta aflicción si se habla de perder a ser querido.
El amor es una forma de energía, posiblemente una de las más poderosas que existen, ya que influye en todo lo que rodea a la Humanidad, no en vano se trata del modo elegido por el ser más evolucionado de la Tierra para perpetuar la especie... algo debe importar.
En neurología existe lo que se llaman 'fantasmas'. Un fantasma es un recuerdo o imagen persistente de una parte del cuerpo, normalmente una extremidad, durante meses o años después de su pérdida.
¿Cómo puede doler algo que ya no forma parte de ti?
La explicación científica supongo que diría que el dolor, -como el resto de los sentimientos, emociones y sensaciones-, está en la mente.
Esto del dolor fantasma parece ciencia-ficción cuando se habla de molestias que persisten en una pierna amputada, pero quizás no sea tan complicado empatizar con esta aflicción si se habla de perder a ser querido.
El amor es una forma de energía, posiblemente una de las más poderosas que existen, ya que influye en todo lo que rodea a la Humanidad, no en vano se trata del modo elegido por el ser más evolucionado de la Tierra para perpetuar la especie... algo debe importar.
Pero la utilidad del amor va más allá, según unos científicos de la Universidad de Stanford, el amor apasionado hace que el dolor remita, se atenúe, incluso puede llegar a borrarlo por completo... de ahí que se pueda hablar de un efecto analgésico del amor.
Pero, ¿qué ocurre cuando el dolor proviene directamente de la fuente de curación? ¿Qué haces cuando lo que te cura te envenena?
Solo se me ocurren dos opciones: desarrollar tolerancia y terminar siendo inmune o escupir la pastilla al aire y vivir al margen de la medicina moderna.
Desconozco cuál será (o si habrá alguna) opción buena, sólo soy consciente de que necesito que deje de doler...
Pero, ¿qué ocurre cuando el dolor proviene directamente de la fuente de curación? ¿Qué haces cuando lo que te cura te envenena?
Solo se me ocurren dos opciones: desarrollar tolerancia y terminar siendo inmune o escupir la pastilla al aire y vivir al margen de la medicina moderna.
Desconozco cuál será (o si habrá alguna) opción buena, sólo soy consciente de que necesito que deje de doler...
Amor es lo que hace que todo tenga sentido o que levantarse de la cama carezca de incentivo alguno. El amor es ese faro que nos guía a través del vacío de la existencia, que nos hace abrazar la vida y propagarla aun sabiendo que estamos destinados a morir en ella.
Entonces me pregunto... ¿cuál es la utilidad de amar algo que ya no existe?
Tal vez sea la manera de doler del amor, un mecanismo de supervivencia, para que la próxima vez que percibas algo similar lo etiquetes de peligroso, tengas miedo de acercarte y conserves tu integridad emocional.
O quizás simplemente sea la manera que tiene la vida de decirte que algo formó parte de ti: que le hiciste hueco, que te importó, que lo perdiste... pero que se curará.

