Estornudar con los ojos abiertos
Del destino, el amor fóbico y el Hummus de Mercadona
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| El amor de Psique, escultura del Neoclasicismo, por Antonio Canova |
Contaba Apuleyo en su Metamorfosis (hace unos diecinueve siglos) una historia en la que el amor irrumpía en las vidas de unos sujetos que no se habían planteado enamorarse; el amor le daba una vuelta de campana a sus existencias y, tras algún que otro vaivén, acababan por asumir lo inevitable: uno no decide cuándo ni por quién perder la cabeza, simplemente pasa. Shit happens, ya tu sabe.
Y tratar de zafarse de las garras del amor es como tratar de estornudar con los ojos abiertos, no diría que imposible pero sí altamente contranatura, posiblemente desagradable a la vista, grotesco y, a decir verdad, sin mucho sentido. Sin embargo, mucha gente lo hace (intentar escapar de Cupido, no lo de los estornudos, claro), un fenómeno que se ha venido a catalogar como Filofobia y su resultado, el amor fóbico, es ese en el que uno (o incluso ambos, dios mío!) de los implicados guarda un comodín de "Queda libre de la cárcel" durante toda la partida del Monopoly. Un estado de conspiranoia constante en el que se tiene una bomba de humo preparada en caso de que la cosa no pinte bien.
Este miedo irracional, mecanismo de supervivencia, puede tener diversos orígenes pero una sola finalidad: evitar el sufrimiento de un desengaño amoroso, lo que lleva a los filofóbicos a hacer mutis por el foro en cuanto la prima de riesgo alcanza los 400 puntos básicos. Un modo más de escapismo, aunque quizás el más absurdo de todos porque enamorarse, -siendo el amor una necesidad biológica, fisiológica, probablemente metafísica (y casi con total seguridad creada por El Corte Inglés)- , es un acto reflejo, como cerrar los ojos durante un estornudo.
Porque un día tienes invitados en casa y vas a Mercadona en busca de algo suculento, que sea un triunfo seguro, fácil y para toda la familia. Llegas, sin saber cómo, a la sección de refrigerados y allí encuentras algo barato, original, exótico a la par que sabroso, coges el Hummus y te lo llevas a casa, pensando que por un día no pasa nada. Cuando de repente lo pruebas y sientes una explosión de sabor en tu boca, tus pupilas se dilatan, comienzas a salivar... puedes estar seguro de que Cupido ha hecho de las suyas. Tratar de ir a Mercadona y no echarlo de nuevo a tu cesta es tan disparatado como intentar huir de tu destino, tan antinatural como estornudar con los ojos abiertos, tan insensato como cerrarse al amor cuando éste llama a la puerta, tan incoherente como rechazar pertenecer a un club en que acepten a gente como tú como miembro.
De modo que, haz el favor de incorporar el Hummus a tu dieta, que es sano y está rebueno. Cierra los ojos al estornudar y enciende el extractor cuando cocines. Déjale un cajón para los calcetines al amor y nunca, repito nunca, te tomes demasiado en serio la vida, nunca saldrás vivo de ella.

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