Sobre la Generación del 27, la Biblia y la Cienciología
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| Xenu en el 15M |
“¡Porque yo me fui con el otro, me
fui! Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por
dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba
hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que
acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con
tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de
pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de
pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!; yo no quería, ¡óyelo bien! Yo
no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro
me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera
arrastrado siempre, siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y
todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!” – Bodas de Sangre, Federico García Lorca.
No hay mejor forma de explicar lo inexplicable. La
fruta prohibida es siempre la más apetecible. Que se lo digan si no a Adán y a
Eva, víctimas en primera instancia de la irremediable condición humana. La versión 1.0 (Beta) del ser humano venía ya con
la Tara de serie y, aún hoy, no se ha
conseguido actualización ni parche que lo remedie.
Ahí está el negocio
más grande de todos los tiempos: hacernos sentir culpables por hacer lo que
estamos programados a hacer. Es decir, a ver si te aclaras. En lugar de aceptar
que nos seduce todo aquello que da repelús, vamos por ahí diciendo de boquilla
“yo de este agua no beberé”, o peor aún “yo de este agua no volveré a beber”. Pero
lo que en realidad hace que nos
bailen mariposas en el estómago, no nos
engañemos, es pensar que somos como exorcistas capaces de sacar el demonio de
cualquier pobre alma desgraciada… Una y otra vez. Y si se parece al anterior,
mejor. Qué perdición.
Muchos no son conscientes de esto hasta esa edad
en que encuentran como prioridad suprema en la vida poner bolitas de naftalina
en los armarios, y acaban viviendo vidas que creen felices por haber sabido
repeler los embates de la Tara. Cuando
finalmente se dan cuenta de su miserable condición humana, ya no están tan
receptivos como en aquéllos años en los que hablaban en griego por el teletipo,
you know. Unos se dan al budismo, otros al paganismo o incluso al loveoflesbianismo,
pero a la mayoría les da un chuchaso en la cabeza mayor que el que tiene Ana
Obregón (actriz y bióloga) y tienen que acudir irremediablemente a purgar sus
paranoias y sus bolsillos al arrullo de la iglesia de la Cienciología.
Por eso, todo ese rollo del pecado original me
huele a chamusquina. A mí no me la metes doblada, Guionista. Tú quisiste hacer
un Gran Hermano y ahora nos juzgas por el edredoning. Por eso, y por todos los
beatos sufrientes de este mundo, voy a hacer una afirmación que va a tambalear
todos los dogmas religiosos habidos y por haber, excepto, por supuesto, el
de la existencia de Xenu: si pecar es entrar en sintonía con los reflujos más bizarros
de nuestros adentros… ¡pequemos como salvajes! Basta ya de esconder nuestros
demonios bajo la alfombra una y otra vez. Asumamos la Tara primigenia como parte de nuestra naturaleza y dejémonos arrastrar
por nuestros torrentes más salvajes.
Hoy, rompo una lanza a favor de esto. Mañana, ya
veremos.

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