viernes, 6 de diciembre de 2013

El hallazgo

Sobre la crisis de los 25, la locura como punto de encuentro y las Princesas Disney

Las chicas son guerreras. Aquí la princesa Jasmine callando un par de bocas.

Recientemente he descubierto que, contra todo pronóstico, voy camino de alcanzar una sobria, adusta y circunspecta madurez intelectual y emocional, algo que -ya te lo adelanto- no entraba dentro de mis planes, ya que pretendía ser una alocada y atolondrada (pero adorable) persona con delirios de Campanilla, flores en el pelo y dueña de un cerdo vietnamita que respondiera al nombre de Ringo.

Sin embargo, al llegar a esta etapa de los 25, año de transición donde los haya, -donde te das cuenta de que ya no tienes edad para ciertas cosas pero que tampoco quieres hacer cosas que consideras de pureta-, he descubierto que soy más sensata de lo que cabría esperar tratándose de una persona que duerme con un peluche en forma de galleta de jengibre humanoide. De modo que, en esta complicada edad, en la que el gerundio jurídico me viene a la yema de los dedos con más frecuencia de la deseada, me ha sido revelado el mayor de los secretos de esta vida, información top secret reservada sólo a unos pocos elegidos y que yo aquí, en este foro de dementes y de locura sin cura ni remedio que la remiende, en un acto de infinita filantropía, he decidido compartir con vosotros, queridos lectores, amigos y residentes en esta verde Tierra.

Este hallazgo no lo enunciaré con argot científico, ni tampoco será necesario resolver un logaritmo neperiano para entenderlo, sino que lo voy a reducir a una verdad universal, prosaica, llana y cierta como la vida. Se puede abordar desde diversos prismas pero la máxima es idéntica: todos estamos un poco locos pero nuestras locuras son diferentes, la cuestión es encontrar a un insensato que comparta nuestra insensatez, que hable nuestro mismo idioma. Porque lo que importa a la hora de la verdad no es que esa persona, ese trabajo, esa camiseta o esa ciudad sean 'objetivamente' perfectos, sino que sean perfectos para nosotros.

Los decanos de la psiquiatría y el psicoanálisis se hallan abrumados frente a este descubrimiento que, además, para mayor desconcierto de la comunidad científica, ha tenido lugar en España, país pionero en la desinversión en I+D.

Como puedes sospechar, desde el Consejo Editorial de DUCHALIBRE.BLOGSPOT.COM.ES, somos conscientes de que no hemos descubierto la pólvora, pero a veces es necesario recordar a las hordas de lectores de este espacio (patrocinado por Chilly) que hay vida más allá del verano, que hay que perseverar en la búsqueda del perfect match y que, cuando ese falla, es justo y necesario desempolvar el monóculo, tirar los dados de nuevo y volver a pasar por la casilla de salida. Porque hay algo ahí fuera que está hecho a tu medida (no es que haya 'un' algo, es que hay muchos 'algos', en realidad), así que no te quedes con lo primero que encuentres, porque te mereces más... ese 'algo' que te satisfaga a todos los niveles. 

Por esto y por otras muchas razones, hoy queremos nadar a contracorriente y desde aquí romper una lanza (o siete) a favor de las Princesas Disney, tan denostadas últimamente por una niña, un monstruo sin corazón, que las descalificaba de forma totalmente infundada.

A ver, niña, te voy a explicar un par de cosas que deberías saber antes de hablar y que aquellos que te han aplaudido parece que han pasado por alto: primero, las Princesas Disney son chicas que salen a buscarse las habichuelas, algunas abandonando la relativa comodidad de sus casas (véase Jasmine, que renuncia a ser princesa si eso significa que la casen con un cualquiera o Ariel, que decide jugársela y darle su voz a una bruja con ocho tentáculos a cambio de un par de piernas porque se ha enamorado de un humano y eso a pesar de que su padre es Tritón y es el Rey del Mar); segundo, hay que tener mucho valor para subirse en una maxicalabaza tirada por caballos que antes eran ratones o para salir a buscar al loco de tu padre y ofrecerte como prisionera de por vida de un bicho gigante que vive en un castillo donde los armarios se comportan como auténticas barruchonas, y tercero (y no menos importante) Mulán y Pocahontas también son Princesas Disney y tienen más pelotas que todos los protagonistas masculinos de sus respectivas películas juntos. La cuestión es que ninguna de ellas se conformó con su particular statu quo y quiso más y quiso mejor, así que menos lobos, Caperucita!

Y después de darle una lección virtual a esta niña (que se convirtió en vídeo viral en dos días mientras que a mí no me lee ni mi madre), os digo lo que venía diciendo: no desesperéis, lo que queréis está ahí fuera, aunque es muy probable que no esté aguardando vuestra llegada y tendréis que luchar, bregar, descamisaros y desviviros por ello, pero existe en algún lugar, os lo garantizo.

Disfrutad del camino y estad abiertos a aquellos que quieran compartir su locura con vosotros... porque lo mejor de esta vida es encontrar lo que buscas donde menos te lo esperas. Así que levad anclas y a por ello, tigres, que si las Princesas Disney se hubiesen quedado a verlas venir el tío Walt no habría tenido nada que contar.
(y para ti, niña vírica, rebota rebota y en tu culo explota)

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