| Monet |
Un gramo de Soma cura diez sentimientos melancólicos (Huxley)
Hacía mucho tiempo que no recordabas lo que era que te
doliese el corazón en forma de ardor. Te quema por dentro. Te cuesta respirar y
te paraliza durante unos instantes. Pruebas a llorar. Funciona. El cuerpo se
relaja un poco, pero sientes miedo porque la inseguridad te domina. No sabes
qué hacer. Ese es el problema. Es presión, estrés, impotencia…
A veces eres cínica porque estás harta de tener el corazón
roto y empiezas a convencerte de que el desengaño con el mundo sea quizá la
última frontera que linde con la Locura. Tienes la toalla en la mano dándole
vueltas y vueltas. Te tienta mucho tirarla al suelo. Pero no lo haces. ¿Por qué
no debería tirarla? o ¿Por qué debería tirarla?
Dientes de leche
Viene corriendo con su hermano. Le abren la puerta del coche
para que entre. Te mira durante una milésima de segundo y sonríe, pero baja la vista
porque le da vergüenza. Se sienta y te mira de reojo poniendo los incisivos
sobre el labio inferior como si fuese un conejito. ¡¡¡Sorpresa!!! Te ha robado el corazón (risa de Nelson, de
los Simpsons).
No sé cómo enfatizar el mencionado robo para añadirle mayor
intensidad y/o significado. Es como si fueses consciente del acto y encima fueses
cómplice, porque en realidad te has
dejado robar el corazón. Quizá esa sea la expresión más exacta. Ocurrió
bajo un cielo ceniciento y el protagonista es un niño de tres años muy delgado y
pálido.
Te ha enseñado sus perfectos dientes de leche y sabes que
ese gesto significa algo, aunque en ese momento no sabes el qué. Es algo más
allá de lo obvio, es decir, de la mera vergüenza de un niño que no sabe cómo
reaccionar ante alguien que acaba de conocer o del reloj biológico que nos
afecta a todas (sí nos afecta y tampoco hay que dramatizar por ello). Es un mensaje
subliminal. Apelando a tu memoria caprichosa (la cual funciona cada vez más
como le da la gana), le pides que por favor se acuerde de esto para pensarlo
después cuando tengas un rato a solas. Y guardas el recuerdo como si fuese una
foto Polaroid. Le observas fijamente: los ojos, el pelo, las orejas, las manos,
el timbre de su voz cuando canta o ríe. Te encanta verle comer helado, sandía o
galletas. No quieres perderte ni un solo detalle. ¡Es la persona que has dejado
que te robe el corazón! Pues claro que tienes curiosidad por conocerla. Y
cuanto más le observas y conoces, más te enamora. Es un niño encantador.
Todas las madres saben que sus bebés sufren mucho cuando les
salen los dientes de leche. Es un dolor por el que tienen que pasar sus hijos para
que crezcan. Pocos años después, esos dientes de leche se caerán y darán paso a
unos nuevos.
Estos últimos años me sentía como una mujer de 40 años en un
cuerpo de veinteañera: demasiado madura, vieja, harta de la vida y sin muchas
esperanzas a las que aferrarse. Pero estaba equivocada. Todo esto que estoy
viendo y sintiendo sigue formando parte de una persona que está creciendo, que
sigue creciendo y no se ha quedado estancada. El dolor que se siente cuando nacen los dientes de
leche es un buen ejemplo para expresar en qué consiste el crecimiento. Es una
casilla por la que debes pasar para poder seguir adelante y evolucionar hacia alguien
a quien aún le quedan varios viajes por delante, cosas por ver, sentir, probar;
personas que conocer y recibir con los brazos abiertos, y también dejar marchar
porque se acabó el tiempo que tuvisteis que compartir en esta vida.
“Antes de que surja además del Amor”
Ha llegado a mí un escritor nuevo. Me compré varios libros
suyos impulsivamente porque el prólogo de uno de ellos era simplemente el
siguiente:
Me pregunto si hoy no
has tenido hambre de Amor.
Y estas son algunas de las frases que más me han gustado
hasta ahora:
- Dependiendo del
caso, hay gente que no llega a la meta. Así es. El amor puede hacerte sufrir
toda la vida sin contrapartida o beneficio alguno. Si crees que entonces la
vida es lamentable e injusta, entonces es que aún no estás preparado para
desear un Amor Verdadero.
- Espero que prefieras
vivir una vida en la que puedas añadir valor a alguien en lugar de una vida en
la que quieras poseer todo y a todos.
- Si dentro de ti no
han florecido flores, aunque todo el mundo esté cubierto de ellas, aún no habrá
llegado de verdad la primavera.
Porque eso es el Amor entre otras cosas. Es Dar, no Recibir.
Dar sin esperar absolutamente nada a cambio. Es un acto voluntario, no mezquino
y calculador que cuenta uno a uno los regalos dados y recibidos ni los mensajes
enviados y recibidos.
¡Viva por esa mujer que, a pesar de ser infeliz con su
pareja, en el corazón sigue teniendo ansias de aventuras y desea fervientemente
besar unos labios nuevos! ¡Viva por la mujer que está dispuesta a recorrer medio
país ahora mismo para comprobar que ese chico que apenas conoce merece la pena
volver a ver! Y viva por aquella que, aun sabiendo que va a seguir sufriendo,
prefiere quedar de nuevo con el chico que la hizo sentir realmente viva en lugar
de dejar pasar la oportunidad y no sentir nada. Esto es hambre de Amor y sólo se
consigue cuando uno va a pecho descubierto sin armaduras, cotas de malla ni
chalecos salvavidas. Esto sí que es darlo
todo y arrepentirse, que arrepentirse de no haberlo hecho. Esto sí que es
saltar al vacío y arriesgarse.
Esto sí que es Carpe Diem.

