sábado, 6 de junio de 2015

Frambuesas

Más cambios en el frente


Recuerdo que hasta no hace mucho me quejaba de que mi vida fuese monótona. La rutina ocupaba demasiado espacio. He releído el anterior post y en tan solo tres meses han ocurrido muchos cambios sustanciales, sobre todo en mí. 



Tras un par de viajes los cambios continuaron sucediendo. Me ha dado mucha pena ver cómo se cierra un capítulo de mi vida porque sé perfectamente que no volverá a suceder. La nostalgia hacía knock-knock demasiado pronto. ¡No habían pasado ni 24 horas desde que ocurrió el último coffee break! Ay, las comidas, el parque, los chismorreos de la oficina, las miradas cómplices, las risitas ahogadas… Dios mío, no sé cómo pude contener mi risa con tantos memes, vídeos absurdos, chistes malos (y los buenos, que también hubo muchos): 



- Qué mal disimulas ya la risa, tía. Ni con la tos esa que acabo de oír. Se te nota mazo, jajaja, me dijo Peña una vez. 



Pero sobre todo la piña que hacíamos todos en mi grupo... Me estaba poniendo muy triste en un instante.  



Como estaba en una especie de estado de shock, cogí mal el tren de vuelta a casa y me tuve que bajar en la siguiente parada. Este pequeño error fue perfecto. Sí, PERFECTO aunque tuviese que esperar 15 minutos el tren. Iba cargada con mis cosas. Dejaba un trabajo para incorporarme en breve a uno nuevo e iba con la casa a cuestas a mi siguiente destino. Repasé mi día. Tenía que ordenar mi cabeza. Sabía que seguiría caminando hacia delante, sabía que todo iba a salir bien, sabía que esto no era una despedida sino un Hasta luego, sabía que todavía me esperaba mucha vida que recorrer… y en ese caos mental, mirando de lejos el paisaje, el silencio de una estación perdida y una suave brisa agitando mi vestido recordé lo mejor del día: los halagos y los abrazos de despedida. 

Desde que dije que me marchaba evité en todo momento la palabra “despedida” porque no quería acabar llorando… Y conforme escribo este post entiendo por qué siento tanta agitación en mi interior: porque no exterioricé lo que sentía en ese momento. Quería irme como si fuese a verles el lunes siguiente y no quise mostrarme débil. 

Me di cuenta de que la imagen que tenía yo de mí misma difería de la que tenían mis compañeros sobre mí. Uno siempre es muy severo con uno mismo. Recibí tantos halagos, consejos y bonitas palabras de tantas personas a la vez... ¿Y abrazos? Ay, me agarraban y me mecían como si fuese un bebé. Me sentí muy agradecida, querida, arropada, admirada... Y sabía que eran sinceros. Eran cambios y sentimientos que tenía que recoger en el post para recordar lo que una vez sentí: 

Aquí tienes la prueba, nena. Estás en otro punto de inflexión. Eres de verdad todo lo que te han dicho tus compañeros, así que sigue hacia delante, coge impulso y vuelaaaaa

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Quería evitar todo el jetlag posible y decidí, tras desempaquetar mi maleta y poner la lavadora, bajar a comprar fruta para aguantar el sueño al menos hasta las 21:00. El dependiente metió mi compra en la bolsa. Me dio el cambio en silencio y de forma muy natural metió en la bolsa una cajita pequeña. La había cogido de una pila de frambuesas que tenía en el mostrador. 

- No, no. Cóbramelo, por favor - protesté. 

El dependiente, de nacionalidad china, hizo caso omiso y me echó de la tienda agitando la mano violentamente. 

- Que no, jajaja. ¿Cuánto es? 

Había hecho una compra muy pequeña y no me importaba pagarlo. 

El chino arrugó la cara sin dejar de agitar la mano y me dijo:

- Regalo. 

Llamadme cursi si queréis pero este gesto me conmovió muchísimo y me lo tomé como una pequeña lección: ser siempre amable. 

- Pues voy a volver, ¿vale?

El chino asintió sin añadir nada más. 



sábado, 14 de marzo de 2015

Hay más días que judías

"Con tu actitud has llamado a las cosas positivas, ¿lo ves? Te lo dije", told me the most lovable girl I ever met

Las Prisas


La sesión anterior aún no había sido desalojada. Mientras, los que estábamos fuera nos extrañamos de que tardasen tanto en dejarnos pasar. ¡Nos íbamos a perder los tráilers de las películas que se iban a estrenar próximamente! No hacía calor y creo que solo llevábamos 15 minutos esperando, pero el caso es que la gente empezó a impacientarse. Miré a mi alrededor. Había muchas cabezas con el pelo cano, caras con arrugas pronunciadas y gafas gruesas. El tiempo seguía pasando sin hacer miramientos y aún no podíamos pasar. Empezamos a extrañarnos. Nadie avisaba de nada y de repente empezaron los empujones y las quejas (sobre todo las quejas). Seguí mirando a mi alrededor en busca de algún motivo. Consulté mi reloj. Quedaban 2 minutos para que empezase nuestra sesión. El chico que recoge las entradas desenganchó la cuerda roja y todo el mundo se agolpó como en una estampida de ciervos que huye de un león. Me entró la risa, me reí muy fuerte y no pude evitar decir en voz alta: “¡Pero si las entradas están numeradas!”. El señor que tenía al lado mía soltó una carcajada, nos miramos y movimos nuestras cabezas al unísono ante la situación ridícula que estábamos presenciando. Pese a esto, la película, Samba, me gustó. 



Una Sorpresa

Tres farolas iluminaban sin mucho éxito el pequeño mirador. Telegraph Hill estaba lleno para ser un jueves noche. Nos asomamos al skyline de San Francisco. Quizá una postal hubiese sido más precisa. No habían podado los árboles y la famosa vista se escondía de nosotros. Casi me pongo triste pero miré hacia arriba, al cielo… y estaba lleno de estrellas. Llenísimo, a rebosar. Me sorprendí tanto que me dió un subidón de adrenalina. 

- ¡Javier, ahí debe haber alguna constelación! - exclamé entusiasmada. Estaba segura aunque no entendiese de astronomía. 
- Pues vamos a buscarlas. 

Desbloqueó su iPhone, entró en una aplicación y apuntó al cielo.
- ¡Es la Osa Mayor!
- ¿¿¿En serio???
- Sí, mira - se acercó a mí y me enseñó la pantalla. 

Contó las siete estrellas que formaban la constelación, primero en el móvil y después en el cielo. 

- ¿Ves que tiene forma de cazo? - explicó con dulzura- ¡Pues es la Osa Mayor!

Nos miramos con nuestras mejores sonrisas y volvimos a mirar al cielo embelesados. Sabíamos que era un instante mágico. Si no fuese un hombre casado le habría dado un beso. 

De San Francisco me llevé como souvenirs una constelación, siete libros de la Librería que publicó por primera vez Howl, de Allen Ginsberg (lo de siete no lo hice por las estrellas. Pura casualidad), y una invitación a París de un gentleman encantador y educado. Echaba de menos a esos especímenes. 






El Desengaño

Tras una comida copiosa, mi amigo y yo decidimos ir a una terraza. Una deliciosa botella de vino blanco, una copa de cava y unas cervezas nos dieron la llave para saltar directamente a la Etapa filosófica de la conversación sin que hiciesen falta pasar por varias horas de borrachera. Los dos estábamos sentados en nuestra posición más cómoda: Él reclinado en el respaldo; yo con las piernas subidas a la silla apoyando mis brazos en las rodillas. 

- Pese a todo te tengo envidia… - dijo con voz tranquila y sincera. 

Le miré a los ojos sin comprender nada. Quizá tendría que haberle dado más detalles de lo que le acababa de contar, pero tampoco me apetecía remover esa historia que aún me dolía si respiraba muy fuerte.

- ¿Por qué vas a tenerme envidia? ¿Porque pierdes el apetito, no duermes, eres incapaz de canalizar tu energía en otro pensamiento que no sea esa persona, porque ves que no puedes hacer nada más por tu parte y te sientes impotente porque se escapa de tu control? - repuse extrañada.
- No, no es eso… Ojalá yo también sintiese eso… Todo esto que me cuentas significa que tu corazón sigue sintiendo la vida y yo echo de menos eso, sentirla…

Di un sorbo de cerveza. Tenía razón. Miré al cielo durante unos segundos. Ni una sola nube. Volví a mirarle, le sonreí y me prometí acordarme de su comentario para siempre. 
Para romper el hielo se dirigió a su pecho izquierdo, se apuntó con el dedo índice y dijo:

- ¡A ver si tú también espabilas ya y empiezas a sentir algo, que llevas mucho tiempo parado y tengo muchas ganas de echarme novia!

Y nos reímos. 



El Apoyo

El abrazo fuerte de una amiga que me había echado de menos me recordó que había gente que me esperaba. El olor del café americano que tomo todos los días me recordó que puedo encontrar la calma cuando quiera. Reírme con todas mis fuerzas cada vez que oigo una buena broma me llena de energía. El sol brillaba encima nuestra y había tenido la oportunidad de conocer a gente que había sido muy generosa conmigo. Si ese día hubiese elegido estar triste (que estaba en mi derecho) puede que hubiese tardado en apreciar esos pequeños detalles otra larga temporada. Sí, la Madurez me invitó de nuevo a elegir. Quise seguir adelante y lo hice: elegí saludar y sonreír como bien sé hacer.  

La Digestión

Las frases célebres y los refranes carecen de sentido hasta que una lo vive. Da igual las miles de veces que te lo repitan porque para ello necesitas fe, cosa que te falta en esos momentos de bajón. Si no lo has experimentado, no lo entenderás aunque te hagan un croquis. Y si encima son varias frases las que consigues corroborar, entonces comprendes que lo has encontrado y hallado en el momento oportuno. 

- Pensar siempre que va a salir mal es una mala costumbre.
- No ocurre lo que uno tiene planeado sino que acaece lo inesperado. 
- Lo que es tuyo nadie te lo quita. Para lo bueno y para lo malo (Es muss sein!). 


lunes, 2 de marzo de 2015

Culos torcidos

Cartas desde el más acá




Querido lector, 

Quizás comiences a sorprenderte por el repentino aluvión de mensajes en botellas que lanzo al mar en los últimos tiempos... y te preguntarás por qué súbitamente parezco tener tantas cosas que contar cuando ha habido momentos de mayor intensidad y he escrito menos; tal vez había también menos ocasión para pararse a procesar lo que estaba pasando o simplemente estaba gestándose el maremágnum que ha desembocado en una ola de la que no sabremos si saldremos con vida o moriremos de éxito... On ne sait jamais. 

Quizás esta necesidad de vomitar aquí sea fruto de la ausencia de otras formas de descarga emocionales que antes me corregían el rumbo o tal vez sea simplemente la manera que he encontrado para hablar conmigo misma y aterrizar las ideas que me sobrevuelan la azotea mientras todo se derrumba a mi alrededor... porque escribir aquí es la única manera de tengo de hablar con(m)igo.   (t)*

Desde hace semanas me siento en todas las sillas con el culo torcido. El runrún de mis tripas no busca que lo acalle con comida, porque si me quedo en silencio el tiempo suficiente puedo casi distinguir unas palabras en alemán: "Es muss sein". No se trata de que esté en ayunas, porque aunque acabe de comer siento dentro de mí esos barcos cargados de pensamientos que zozobran constantemente y de los que a veces ni se salvan las mujeres y los niños, pero cuyas orquestas nunca dejan de tocar a Beethoven.

Pero es que me he dado cuenta de que es complicado esto del avistamiento de icebergs, sabes?
Puede que llegues a ver su parte más exterior cuando ya es demasiado tarde para virar, porque el mar estaba tan calmado que las olas no rompían en su base y sólo has sido capaz de verlo cuando te estaba congelando la nariz.
Y para cuando pasas por su lado, la parte sumergida bajo el agua va a rajar inexorablemente tu quilla y te vas directo al fondo del mar y no hay remedio que valga... porque en esa fracción de segundo decisiva estabas en otra guerra. 

Y si la travesía había durado tres años, estuviste 2 años y 11 meses 30 días y veintitrés horas mirando sin descanso, buscando cualquier atisbo, atento a las señales, para aporrear la campana... pero justo cuando das por terminado el partido y asumes deportivamente el reparto de puntos, cuando parece que acabarás el viaje sin mayor incidencia... toma! iceberg por proa y a pique el portaaviones.

Aún no he tocado fondo, por eso he tenido ocasión de escribir este mensaje...y aún tengo la ilusión de que llegue yo antes que él a tierra firme, porque confío en que la suerte me tenga guardado un collar de diamantes en el bolsillo del abrigo con el que comprar un billete hacia la felicidad, porque después de este requiebro del destino no puedo sino pensar que todo esto forma parte de un plan superior.

No puedo escribir más porque se están empezando a reventar las escotillas de mi camarote, las ratas abandonaron el barco hace mucho, pero los músicos siguen tocando y yo sigo aquí clavada pensando que no se puede tener tanta mala suerte en esta vida.

Esta situación al límite me está enseñando muchas cosas... la primera es que nunca es tarde para corregir la derrota y llegar a la tierra prometida... o al menos hay que intentarlo siempre, aunque acabes descubriendo América y tú pensando que ibas a llegar a la India para la hora de cenar. 

La otra es que lo más importante es disfrutar de la travesía, aunque parezca que vamos sin timón y a la deriva, aunque lo que pensabas que jamás caería se derrumbe a tu alrededor... al final será todo cuestión de unir los puntos.

Porque mientras hay vida hay esperanza... y de lo único de lo que uno se puede arrepentir al final es de no haberlo intentado.



"Lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, lo que no tiene límites.

-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días, con sus noches.

-Toda la vida- dijo."

El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez




viernes, 27 de febrero de 2015

Respirar. Latir. Doler. Sobrevivir.


El dolor es uno de los mecanismos que tiene el cuerpo para alertar de los peligros. La carencia de éste nos pone en grave riesgo, ejemplo de ello es la enfermedad de la 'analgesia congénita' que implica la ausencia total de la capacidad para percibir el dolor o la temperatura y quienes la padecen tienen una esperanza de vida muy inferior a la media.

¿Es el dolor lo que mantiene vivos? ¿O quizás lo que nos ayuda a sobrevivir es el miedo al dolor?

El miedo es otro mecanismo de vigilancia que procesa todo la información que percibimos y reacciona ante cualquier sospecha de peligro; se anticipa al dolor tratando de evitarlo.

Aunque hay veces que el miedo no nos da el aviso; en algunas ocasiones, no existe alarma que valga para evitarlo, porque el dolor es invisible, intangible.

En neurología existe lo que se llaman 'fantasmas'. Un fantasma es un recuerdo o imagen persistente de una parte del cuerpo, normalmente una extremidad, durante meses o años después de su pérdida.

¿Cómo puede doler algo que ya no forma parte de ti?

La explicación científica supongo que diría que el dolor, -como el resto de los sentimientos, emociones y sensaciones-, está en la mente. 
Esto del dolor fantasma parece ciencia-ficción cuando se habla de molestias que persisten en una pierna amputada, pero quizás no sea tan complicado empatizar con esta aflicción si se habla de perder a ser querido.

El amor es una forma de energía, posiblemente una de las más poderosas que existen, ya que influye en todo lo que rodea a la Humanidad, no en vano se trata del modo elegido por el ser más evolucionado de la Tierra para perpetuar la especie... algo debe importar.

Pero la utilidad del amor va más allá, según unos científicos de la Universidad de Stanford, el amor apasionado hace que el dolor remitase atenúe, incluso puede llegar a borrarlo por completo... de ahí que se pueda hablar de un efecto analgésico del amor. 

Pero, ¿qué ocurre cuando el dolor proviene directamente de la fuente de curación? ¿Qué haces cuando lo que te cura te envenena? 

Solo se me ocurren dos opciones: desarrollar tolerancia y terminar siendo inmune o escupir la pastilla al aire y vivir al margen de la medicina moderna.
Desconozco cuál será (o si habrá alguna) opción buena, sólo soy consciente de que necesito que deje de doler... 


Amor es lo que hace que todo tenga sentido o que levantarse de la cama carezca de incentivo alguno. El amor es ese faro que nos guía a través del vacío de la existencia, que nos hace abrazar la vida y propagarla aun sabiendo que estamos destinados a morir en ella. 

Entonces me pregunto... ¿cuál es la utilidad de amar algo que ya no existe?

Tal vez sea la manera de doler del amor, un mecanismo de supervivencia, para que la próxima vez que percibas algo similar lo etiquetes de peligroso, tengas miedo de acercarte y conserves tu integridad emocional.

O quizás simplemente sea la manera que tiene la vida de decirte que algo formó parte de ti: que le hiciste hueco, que te importó, que lo perdiste... pero que se curará. 



lunes, 9 de febrero de 2015

Afasia emocional

Sobre la ilusión, los mejunjes art attack y los significados en busca de palabras que los winzipeen




ILUSIÓN
1. Imagen sugerida por los sentidos que carece de verdadera realidad.
2. Esperanza que carece de fundamento en la realidad.
3. Entusiasmo, alegría.

Entonces... ¿ilusionada o ilusa? ¿Dónde trazamos la frontera o en base a qué establecemos el matiz entre una y otra?
Según varios diccionarios consultados, predominan las definiciones (tanto en número como en aparición jerárquica) que consideran que la ilusión es una interpretación errónea de la realidad, incluso según algunos autores es el resultado de "poca claridad perceptiva y un estado emocional intenso". A partir de ahora tendré más cuidado al ilusionarme con algo. 

Sin embargo, la duda que me asalta ahora es... ¿cuál es el verbo que debo utilizar para hablar de la esperanza que se siente cuando se espera que algo sea por fin bueno sin que parezca ingenua o esquizofrénica?
Lo pregunto para poder aplicármelo la próxima vez que albergue algún tipo de expectativa sobre la bondad de algún proyecto que está en marcha y que parezca factible y positivo para mi vida e intereses, si es que vuelvo a dar cobijo a semejante delirio de grandeza.

Y ante esta disyuntiva me hallo y pienso que faltan palabras en el lenguaje cervantino para expresar sentimientos complejos. Porque en esto de los sentimientos, parece que los españoles también "somos más de follar."

En fin, para hablar de una sensación hemos de reflexionar sobre ella, lo que implica tomar distancia de nuestra sensación.
Pero las sensaciones y los recuerdos terminan mezclándose en nuestro cerebro. Cada vivencia que tenemos acaba construyendo un núcleo emotivo y cada vez que recordamos una experiencia reescribimos sobre ella, dotándola de una nueva dimensión, impregnándola de aquel estado de ánimo que teníamos al evocarla o esa otra reacción que provocamos en nuestro interlocutor al compartirla. Y sin embargo, no cambiamos la palabra que asociamos a ella la primera vez, con lo que adulteramos el sentido de las palabras y acabamos con un mejunje art attack mental y visceral de agárrate y no te menees.

Nuestros recuerdos están por tanto encadenados a emociones que van actualizándose constantemente hasta que todo queda envuelto, etiquetado y almacenado en nuestra quijotera con un nombre final que cumple con los criterios de la Unión Europea de estandarización, pero que a la hora de la verdad no sabemos cuáles son los ingredientes y eso a veces es importante, porque pensamos que somos intolerantes a la lactosa, y en realidad lo que nos sienta mal es ponernos pantalones para sordomudos.

Por eso resultaría necesario desaprender dentro del proceso de vestirse de pies a cabeza para el día a día. Igual que cuando llega la colección primavera-verano cogemos la bufanda de la Conchi y la guardamos porque ya no aplica, igual que también ocurre con las máquinas, que en ocasiones es preciso volver a la configuración inicial, formatear, desfragmentar y volver a empezar. Porque algunas veces hay que ir hacia atrás para poder seguir adelante.
Para los más románticos, la metáfora sería la de las novelas de Diseña tu propia aventura, cuando elegías un camino y esa opción terminaba contigo antes de decir "Jesús!"; ahí no quedaba otra que volver atrás y recalcular la ruta.

Tenemos que reaprender todo lo que sabemos y que no nos vale. Como cuando un programa está obsoleto y hay que bajarse una nueva versión. Debemos descubrir que existen otros caminos que permiten llegar al destino deseado, pero implica una condición fundamental: hay que independizarse de conceptos o ideas arraigados y erróneos, que se inculcan en la familia, con los que hemos crecido, que hemos aprendido o que hemos llegado a creernos. Ideas y asociaciones que nunca hemos puesto bajo el microscopio de nuestra inteligencia para examinar si en realidad tienen sentido o no son más que una filfa. La clave está en cambiar los paradigmas, volver a experimentar, replantearse todo aquello que creemos haber sabido todos estos años, reconocernos incultos, dotar de nuevos significados a las palabras amor, amistad, éxito, futuro... reescribir esos archivos con lo que quiera que nos borbotee en el magín.

Y escribe, lee, comparte, siente, construye, olvida todo lo que no quieras recordar y vuelve a empezar. Vive tu vida sabiendo que si disfrutas de algo efímero con toda tu alma, jamás te lamentarás de no haber hecho más... porque era imposible. 
Recuerda que las palabras definen cosas/sentimientos/situaciones que están en constante movimiento y que cuando no hay palabras que recojan aquello que ya existe hay que inventar una nueva palabra o quizás buscarla por el mundo.
Viajemos en busca de palabras para expresar lo que nos pasa... o mejor aún: que nos pasen tantas cosas que nunca encontremos palabras para categorizarlas todas.