domingo, 7 de diciembre de 2014

Decisiones insignificantes en un contexto estratosférico

Tres historias y una que aún no sabe que lo es

Historia A

Julio César, al mando de un ejército a orillas del río Rubicón, echó la vista hacia el horizonte y guardó silencio. Era consciente de que iba a tomar una decisión importante. Se iba a enfrentar a todo el Senado romano para proclarmarse Cónsul y Dictador Vitalicio. Dijo en voz alta, “La suerte está echada” y avanzó hacia la capital sin que nadie pudiese detenerlo.

Esta anécdota ha sido recogida por la psicología como el Modelo Rubicon. Consiste en una post-fase de la toma de decisiones en la cual, una vez tomada la decisión ya no se puede dar marcha atrás. Quiere señalar que se debe tener cuidado con la decisión que se toma puesto que una vez tomada existe un compromiso ineludible a ella.



Otro concepto interesante surge cuando existe una sobrecarga de decisiones. Nos dicen que somos un cúmulo de decisiones que tomamos a lo largo del día: té o café, pan integral o normal, metro o coche, pollo a la plancha o hamburguesa, ¿me quedo a tomar unas cañas o no? Esta sobrecarga es conocida como Fatiga de la decisión. El individuo llega al límite al final del día. Ha tomado tantas decisiones que ya no sabe qué elegir. Y señala Wikipedia la siguiente paradoja: “People who lack choices seem to want them and often will fight for them. Yet at the same time, people find that making many choices can be [psychologically] aversive”.


Una de las conclusiones que se extraen es que se desgasta la energía del individuo en decisiones banales y que, a la hora de tomar una decisión importante, el cansancio es tan grande que se suelen cometer más errores y que uno se inclina a tomar decisiones poco adecuadas.

Esta Fatiga de la Decisión conlleva a otro concepto llamado Ego Depletion, un agotamiento de la voluntad propia para tomar decisiones, llegando en el peor de los casos, a evitar tomar decisión alguna.

Historia B

Que te toque un compañero de avión normal es una lotería. Con normal me refiero a que no moleste durante el trayecto, que sea limpio, educado, silencioso y, sobre todo, aseado. No es ninguna tontería. El azar asigna tu asiento como quiere sin tener tus preferencias en cuenta. Llego al 27B y cruzo los dedos por tener un viaje tranquilo. Son 11 horas y quieres que pasen lo más rápido posible. Aunque hagas check-in online tampoco te aseguras un viaje confortable; solo el poder levantarte cuando quieras para ir al servicio sin molestar a los de al lado o mirar por la ventana; poco más.
Me acomodo como puedo en mi sitio. Como en esta vida hay que ser agradecido, empiezo agradeciendo que los hombres que tengo a mis dos lados sean de complexión normal (el americano con unos kilos de más). Esto me asegura que no invadirán mi asiento con sus brazos. Los dos tienen sus cascos en sus manos. Esto significa que tienen pensado pasar el tiempo escuchando música y/o viendo las películas de turno, lo cual, no vienen con ganas de hablar.  

Al poco rato del despegue noto que huele mal. Intento disimular mi malestar y me pongo a averiguar con la vista, los oídos y el olfato a qué se debe. Estupendo, al americano de al lado le huele el aliento. Me desespero pero intento calmarme. Tengo que hacerme a la idea de que no me queda otra que aguantar.

Me saltaré el lapsus de las 10 horas y 45 minutos de viaje que vinieron después porque no aportan nada al post.  

Aterrizamos en Londres con retraso. Son las 14:30 y esa es la hora en la que supuestamente debería estar embarcando para el siguiente vuelo. Sigo manteniendo la calma pensando cómo saltarme las colas del control. Le pregunto a la azafata si cree que conseguiré coger el siguiente vuelo. Resulta que el americano también va a Madrid. La guapísima azafata, sin perder su sonrisa perfilada, nos dice que vamos a tener que correr, pero que no me preocupe porque hay mucha gente que hace escala con ese vuelo y que tienen que cargar las maletas y que eso lleva su tiempo.

Salgo corriendo del avión infernal y consigo hacerme con una Express Connections, una tarjeta naranja fosforita que te da vía libre para saltarte las colas. “Miss XXXXX, yes, you’re on list. Take this card and run”, me dijo un señor de origen hindú que tenía colgado de su cuello moreno un cartel que decía “Madrid”.  

Heathrow estaba bulliciosa y la gente nerviosa. Esas colas no las he visto jamás. Seguro que son comparables a cuando un país está en guerra y la población quiere huir como sea. Una vez más, doy gracias en mi fuero interno: enseño mi tarjeta como si fuese el billete dorado de Willy Wonka para entrar en su fábrica de chocolate y consigo salir al paso. Veo de espaldas al americano que me dejó como recuerdo un memorable viaje y pienso por un instante “le voy a decir que se venga conmigo porque si no, no va a coger el vuelo”. También pensé “¿por qué debería hacerlo? he tenido un viaje horroroso por su culpa. Además, va con una maleta y no vamos a poder correr rápido (yo solo iba con una mochila a la espalda). Aún hoy me pregunto por qué no pasé de largo.

El americano y yo fuimos corriendo por los pasillos. Tuvimos que hacer un par de colas y nos hicimos amigos de una señora que iba a París y de otras que iban a Los Ángeles. Todos teníamos el avión a la misma hora y aún estábamos en el control, pero nos lo tomamos a risa y nos despedimos. Al final conseguimos coger el avión porque se retrasó. Agradecí una vez más a quien quiera que estuviese allí arriba que esta vez el asiento del americano no estuviese al lado mía.

Hubiese sido un buen comienzo para una novela al mezclar casualidades con decisiones impulsivas con el trasfondo de un viaje y un problema en común... Y pensar que lo me echó atrás seguir hablando con él fue porque no me gustó el libro que estuvo leyendo en su iPad…
Esto último también fue tomar una decisión.

Historia C

Una de las muchas virtudes de pasar una temporada fuera es que cuando vuelves, te enteras de las historias que han transcurrido en tu ausencia. La que más captó mi atención fue una de esas que ocurren cada fin de semana en cualquier ciudad donde haya jóvenes dispuestos a entregarse obedientemente a una noche loca. Visto objetivamente, no tiene ninguna novedad ni anécdota que la haga especial y que la distinga del resto de historias.
Me paré a pensar en ella porque había leído anteriormente los textos que menciono al principio del post. No encajan ni dan explicaciones científicas del comportamiento de ninguno de los protagonistas.
Sin embargo, sé que tienen algún tipo de pista.
En la Historia B, ¿qué hubiese pasado si hubiese pasado de largo del americano? ¿Por qué “me hice cargo” de que no perdiese su vuelo, porque íbamos en el mismo? Nadie me iba a recompensar por ello. Yo no obtenía ningún beneficio, salvo un sincero “Thank you”. ¿Me reconforta ayudar a alguien que lo necesita? ¿Era necesario poner en práctica mis ganas de ayudar en esa situación de emergencia?
En la Historia C, ¿por qué debido a una noche “loca” cambia por completo el amor que le tenía a él? ¿Es eso amor? ¿Si no lo es, entonces es capricho? ¿Por qué ella deja de lado toda su rutina y deposita su tiempo e ilusión en el otro? Está claro que lo que desea cada uno no coincide. ¿Entonces por qué buscar adrede un dolor que brotará en poco tiempo en el corazón de ella? ¿Fue de verdad una noche loca o le es más cómodo pensar que lo fue?
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Una sonrisa tímida y unas bromas inteligentes. Azul atento y rojo cautivador dispuestos a entablar una conversación pendiente, hasta en verso si es necesario.
¿Qué decisiones y dudas surgirán aquí?




lunes, 27 de octubre de 2014

Chamuscada

Selecciones necesarias y envergadura de mi identidad


Durante varias horas estuve preguntándome por qué tenía que ser comprensiva, empática, dejar las cosas pasar y sonreír de nuevo al día siguiente. No es complicado, ya lo sé. Se da por sentado que uno debe comportarse de esta manera. El problema es hacerlo cuando te carcome el desgaste un día sí y otro también. Y cuando te quieres dar cuenta han pasado más de dos días. Puede que hoy incluso haya cumplido dos años.


Quiero dar patadas a ese Estridente Positivismo que empezó su primera conquista con LinkedIn (y más tarde la vida de personal de uno mismo) para dejar salir mi Yo auténtico, el natural, el biológico, o como quiera uno llamarlo. Las bromas de quinceañeras me cansan profundamente; será que he perdido sentido del humor, o puede que haya aprendido a no reírme de cosas que de verdad no me hacen gracia. Admito que al principio me sentía incómoda y azorada puesto que no era así como “debería” comportarme. Lejos de parecer una heroína, mis debilidades saltaron en trampolín alborotadas. Pasó un rato y otro y llegué a esta conclusión: "Es difícil ser uno mismo". Visualicé la frase en mi cabeza.



No busco hacerme la víctima ni vanagloriarme de absolutamente nada. Solo necesito reafirmar (otra vez, y muchas más que vendrán) mi propia identidad, recordar quién soy. Los egoístas seguirán ahí mañana, pasado y así hasta que lleguen los 4 Jinetes del Apocalipsis, así que he decidido dejar de ser  influenciable a aquello que desgaste mi Yo natural. Recordé lo importante que es rodearse de personas genuinas y quise dejar atrás aquellos tomates insípidos. Debe ser que con el paso de los otoños y primaveras, los tintos y los turrones, si una aprende (más o menos) a cuidar de sí misma prioriza, entre otras cosas, el cuidado de la identidad propia.


O será que hoy estoy malhumorada. O como suelo decir en casos extremos, “hasta el chichi!!”. Hasta el chichi de tener que mostrar respeto cuando a una no se lo dan, tener que sonreír cuando no quiero, escuchar verdaderas tonterías y seguir el rollo, tragar chistes de mal gusto y actuar como una persona tolerante con un idiota al que solo le darías collejas.  

Otra cosa que estoy aprendiendo últimamente es a ser selectiva con mis comentarios (sí, debe ser uno de los secretos de la longevidad, y no las cremas anti-edad), cuyo grado de mayor o menor sinceridad depende de lo que quiera oír tu receptor. A riesgo de sonar vanidosa (que no lo es), a veces me río intensamente en mi fuero interno cuando les digo "lo que quieren oír". Y todos contentos: ellos escuchan la respuesta banal de turno y a mí me dejan en paz. Sin embargo, a veces es más efectivo lo contrario: decir una verdad tan grande como una catedral y que nunca se vuelva a mencionar el tema.


Si has leído hasta aquí quizá creas que voy a acabar el post con un colapso mental.


O que quizá busque un culpable al que llevar a la hoguera.


No existe una conclusión satisfactoria porque sé que mañana cuando me levante el problema seguirá existiendo. Si la solución estuviese en mis manos ya estaría en conversaciones avanzadas con algún matón para darle instrucciones minuciosas (Nota mental: plan B - Conjura).



Con cosas como estas veo la poca paciencia que tengo y que, aunque sea poca, debería racionarla con gente que de verdad merezca la pena, no usarla con aquellos que no me aportan nada. Y no sólo la paciencia, sino la atención, el cariño, la amabilidad… en definitiva, mi Tiempo.


Pese al desgaste debo asumir que no puedo encerrarme en una cueva y olvidarme de vivir en sociedad, ya que no estamos hechos para vivir aislados. Resistir es la siguiente casilla, en la cual se suele estar durante un tiempo indefinido. Mientras digiero tantas tonterías que dan hasta pena oírlas y aguardo sin ilusión las que aún me quedan por oír, una nueva arruga surgirá en mi frente. Con suerte terminaré cogiéndole hasta cariño. Quizá hasta me haga parecer más interesante. Sí, ¿por qué no?



domingo, 26 de octubre de 2014

Disculpe que no me levante

Sobre el amor, Newton, las zanahorias y los burros


El amor es el nuevo viernes. El amor mueve millones de personas, de dólares/euros/libras, de kilojulios de energía y newtons de fuerza; nos hace héroes y villanos, nos convierte en peleles, nos hace invencibles, nos nubla razón, nos da razones para seguir adelante; asegura la pervivencia de la especie y expone a los peligros más absurdos. Es nuestro primer y más importante instinto humano, el único capaz de hacernos morir y matar por él; el único que nos asegura la inmortalidad.

Estamos diseñados para amar, destinados a ello. Y aun así nos resulta tan difícil compartir este sentimiento... o tal vez estemos deseando amar. Amamos equipos de fútbol, canciones, nuestra patria, nuestras posesiones, nuestras mascotas, nuestro corte de pelo. Quizás por eso ponemos parte de nuestro afecto en las cosas materiales que tenemos y cuando perdemos algo y preguntamos sobre su paradero decimos "tiene un gran valor sentimental para mí".

But... let's cut the crap, ok? Todo eso son gilipolleces y lo sabes. Vivimos en un mundo individualista, egocéntrico, materialista y antisolidario... ya! No hay más ciego que el que no quiere ver.
Las cosas caen por su propio peso. Eso quiso quizás decirnos Newton con sus leyes de la gravitación universal. Y no existe el movimiento perpetuo... que en esta casa rigen las leyes de la termodinámica!


Aunque eso no lo tengo yo tan claro, lo de que no sean posibles los movimientos perpetuos y lo de que el mundo sea tan individualista, digo. El amor es uno de los conceptos más rentables que existen: redes sociales, películas, moda, productos de estética, bares y discotecas. Cuántas veces al día ves cosas en forma de corazón...?
Todos se alimentan de la necesidad de los humanos de ser sociales y todos aspiran a conseguir el amor de los demás.

Porque al final todo está relacionado. Y qué tiene que ver la gravedad con el amor?
Qué es la gravedad sino un fenómeno de atracción que ejerce la Tierra sobre los cuerpos? Qué es el amor sino un fenómeno de atracción que existe entre los cuerpos que habitan la Tierra?

Si atendemos a la teoría gravitatoria clásica, la fuerza es mayor si los objetos están próximos y mientras se van alejando dicha fuerza pierde intensidad. 

En el amor, como en la metáfora de la zanahoria y el burro, la distancia que te separa de obtenerla -aunque siempre sea la misma- parece diferente y es ese engaño lo que impulsa a caminar. Aquellos que te aprecian te dirán: "Mira!, ahora está mucho más cerca", y en realidad sigue a la misma distancia, igual de inalcanzable, pero lo hacen porque reconforta, porque ellos también quieren creerlo.

El amor es así, estamos diseñados para buscarlo aunque siempre estemos igual de lejos de conseguirlo, a pesar de que a veces parezca que estamos a las puertas, que lo tocamos con la punta de los dedos. Es un algo intangible que nos agitan delante del hocico para hacernos caminar.
Pues aquí se nos ha parado la burra, fíjate tú. Eso sí, una burra con escuadra, cartabón y transportador de ángulos. Una burra que sabe que cateto al cuadrado más cateto al cuadrado son demasiados catetos para seguir sumando.

jueves, 28 de agosto de 2014

12 canciones para resumir un año


Tras más de veinte años en el sistema educativo, es complicado convencer a alguien de que el año nuevo comienza tras las doce uvas campaneras del 31 de diciembre.
Para mí, como supongo que pasará a tantos otros, el curso baloncestístico comienza con la vuelta al cole en septiembre y termina aproximadamente a mediados de julio... siendo el mes de agosto un tiempo de sano esparcimiento y sanación encaminado a recargar las pilas del respetable.


A la vista de que embarcamos en un nuevo curso y que el 2013-2014 llega a su fin, toca hacer balance de un año que ha dejado luces y sombras, un chiaroscuro al más puro estilo caravaggiesco. 

Lo más sobresaliente y sobrecogedor de Caravaggio es que las escenas surgen de las tinieblas, ganan la partida a la oscuridad y cobran vida entre las penumbras. Hay un halo de esperanza de esas figuras que luchan por salir de la negrura y que consiguen emerger a la luz, como los esclavos de la caverna de Platón.

Esa, amigos, sería la sinopsis filosófica de mi año, y ahora procedo a hacer el recopilatorio autobiográfico musical del mismo. 

Esperemos que el 2014-2015 suene bien, de momento parece que los instrumentos están afinados y la voz lista para el bolo... que sea lo que tenga que ser. Es muss sein!

septiembre

Oniria encuentra a Insomnia, los dos conectan bien. Quizás en otra vida fueron un mismo ser. Atrévete a acompañarme...


octubre


...Wait...

noviembre

I believe when I fall in love with you it will be forever...


diciembre

I don't want a lot for Christmas, there's just one thing I need. All I want for Christmas is you!


enero

It's been a long, long time coming... but I know a change is gonna come, oh yes it will


febrero

Every new beginning comes from some other beginning's end


marzo

Before I met you, I was F-I-N-E, fine; but your love made me a prisoner, since then my heart's been doing time...
Tell me what it takes to let you go, tell me how the pain is supposed to go...

abril



You can wait for ages, watch your compost turn to coal, but time is contagious, everybody's getting old


mayo

Habrá que inventarse una salida... ya no hay timón en la deriva


junio



If you are in love, then you are the lucky one, 'cause most of us are bitter over someone.
Setting fire to our insides for fun, to distract our hearts from ever missing them. 

julio



Facing the fear that the truth I discover. No telling how, all these will work out. But I've come to far to go back now


agosto



It's getting late to give you up
I took a sip from my devil cup. Slowly, it's taking over me
It's dangerous... I'm falling...

lunes, 18 de agosto de 2014

Call to action buttons

Dudas que Google (aún) no recoge en sus resultados de búsqueda y discusiones sobre la felicidad que (aún) no han sido recogidas en el foro de Yahoo!


Actitud

¿Podremos dejar de estar estresados algún día? En palabras de esta psicóloga (vídeo de abajo) sí, y además podemos convertirlo en nuestro amigo. Lejos de ser un sermón sobre optimismo falso, la experta explica que el estrés puede convertirnos en personas más valientes. No es una afirmación alocada. Tras escucharla me convenció. Yo nunca me había planteado convertir el estrés en mi amigo y, sin embargo, si cambiaba de actitud el resultado sería totalmente distinto. Si en lugar de sentirme como una víctima del destino me planteaba ser alguien proactivo, cada vez que me encontrase en una situación dura y complicada sería capaz de aumentar mi resiliencia. De esta manera conseguiría moldear mi carácter y mi forma de ser poco a poco.


No es fácil. Un vídeo de 14 minutos y 29 segundos no tiene la solución. Efectivamente, la solución no está ahí fuera, sino que está en mis manos.

Esfuerzo

Según esta simpática infografía, el 50% de nuestra felicidad viene determinada por nuestra genética, lo cual también significa que el otro 50% depende de nosotros. Cambiar de actitud implica hacer un esfuerzo. Y repito de nuevo, no es fácil, sobre todo porque supone cambiar unos hábitos muy arraigados en nuestro interior. Como propone la infografía, hice el ejercicio de apuntar 3 cosas buenas que me ocurriesen cada día durante una semana. Me pareció una forma facilísima de incorporar pensamientos positivos a mi rutina. Qué sorpresa me llevé cuando vi el papel escrito en mis manos: resulta que sí me pasan cosas buenas y no me había parado a pensar en ellas con detenimiento. Sólo le había dado importancia a aquellos pensamientos que dejaban tras su paso depresiones y agujeros negros en mi autoestima.


Confianza

La vida es una inseguridad continua. Cuanto antes aceptemos esta frase, antes dejaremos de autoengañarnos. Desde pequeños nos educaron a seguir unas reglas, a aprendernos de memoria fechas importantes de la Historia de la Humanidad, a llevarnos bien con todo el mundo y, sobre todo, a buscar algo seguro: casa, coche, relación de pareja, carrera, trabajo, amigos, etc. A día de hoy no me queda muy claro para qué sirven estos imperativos. No es que ponga en duda su utilidad, pero sí su finalidad, pues no conozco a nadie con todos estos atributos y afirme ser “feliz”, o más bien “sentirse feliz”. Nos han enseñado a obedecer y no a ser autónomos. Nos han enseñado a amar la seguridad y no a amar la vida. “Seguro, seguro, la muerte. Lo demás nunca se sabe”, me dijo alguien con unas cuantas canas en su barba. Y no he conocido a nadie MADURO que diga lo contrario.

Estamos acostumbrados a adoptar una actitud pasiva ante los acontecimientos que vivimos, y las cosas “porque sí” o “porque no” no son una justificación válida, seamos sinceros. El problema viene de fondo. Nos falta confianza en nosotros mismos. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Tropezamos una y otra vez. No pasa nada; es normal, ya que forma parte de nuestro aprendizaje y experiencia. El problema está en no levantarse, contemplar la piedra y  encariñarse con ella, en lugar de levantarse y seguir caminando.

Call to action

En mi colegio, como en la mayoría de los colegios públicos, nos obligaban a jugar al fútbol. Éramos pocas chicas en clase y a ninguna nos gustaba. Yo, en lugar de dar patadas a la pelota daba más patadas a las espinillas de los chicos. Tenía mala puntería y no acertaba a darle a la pelota (jajaja). ¿Por qué no podíamos jugar al voleybol, a la comba o a balón prisionero? Le pedimos varias veces a la profesora que jugáramos a otra cosa. Nos prometió que en el siguiente trimestre jugaríamos al hockey (sería la primera y última vez en nuestra etapa escolar por motivos obvios). Dejando de lado las frustraciones infantiles, ese día no quería ni dar patadas a las espinillas y estuve más enfadada de lo habitual. No entendía por qué tenía que jugar a algo que no me gustaba. El resto de compañeras al menos corrían e intentaban perseguir al chico que tenía la pelota, pero yo ni quise correr. La profesora me vio parada y me gritó desde el otro lado de la pista:

- ¡Corre a por la pelotaaaa! ¿Acaso eres un armario de abuela?
- No quiero. Nunca me la pasan - contesté.
- Da igual. Tienes que ir a quitársela. Muévete.

Lo que me indignó no fue que me regañase ni que me diese órdenes, sino que me hubiese comparado con un armario de abuela. “Tengo 10 años y no soy una abuela”, pensé para mis adentros. Corrí a por la pelota como un toro, se la quité al chico que la tenía y le pegué una patada sacándola fuera de la pista. Estuve todo el partido corriendo detrás de ella dando empujones como si intentase recuperar algo que me habían robado.

- ¡Muy bien! Eso es, ¡quítasela! - gritó la profesora. Se estaba riendo.

Creo que nunca había sudado tanto jugando al fútbol. Desde entonces, cuando los chicos tenían que hacer equipos, pasé a ser una de las primeras elegidas entre las chicas porque “sabía quitar la pelota”.

¡Baila, morena!

Tenemos dos piernas, dos brazos y dos ojos, ¿por qué creemos que otra persona va a solucionarnos la vida y no confiamos en que nosotros mismos podemos solucionarla? ¿Por qué creemos que la felicidad está ahí fuera y no en nuestro interior? ¿Por qué parecemos chicas que están sentadas en una fiesta de primavera americana esperando nerviosas a que el adolescente con granitos de turno venga a pedirnos un baile? ¿Por qué no vamos nosotras primero? ¿Por qué no somos capaces de ir al centro de la pista y bailar como idiotas sin que nos importe el qué dirán mientras canta Michael Bolton de fondo?

No sé si fracasaré o tendré éxito, pero sí sé que, a pesar de mis miedos e inseguridades lo intenté, que hice todo lo que estaba en mis manos para alcanzar aquello que me propuse. Y ya está. Lo que importa realmente es que hice el esfuerzo de cambiar las cosas y no me quedé de brazos cruzados. Aquí empieza la diferencia. Aquí empieza el cambio. Aunque fracase no me iré con las manos vacías porque habré aprendido para la próxima vez que se me presente un reto. Que mi felicidad dependa de las decisiones de otras personas tiene su límite: la responsabilidad que tenemos hacia uno mismo. Esperar a que las cosas se solucionen por sí solas no es una solución. El cambio empieza cuando uno decide tomar las riendas y cabalgar hacia delante.

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste feliz? ¿Cuándo fue la última vez que te measte de risa? Si digo “mariposas en el estómago”, ¿quién es la primera persona que te viene a la cabeza? Si no tienes respuesta inmediata o ha llovido mucho desde entonces y te ves en serias dificultades para traerlos al presente, entonces no estás viviendo. Tenemos una juventud preciosa cuya fecha de caducidad depende solamente de uno mismo. Nunca es tarde para reaccionar. La juventud no es una edad, sino un estado mental. Cada vez lo tengo más claro. Empezar por ese ejercicio de “apuntar 3 cosas buenas que te han pasado a lo largo del día de hoy” es una buena forma de empezar a cambiar tu vida. Nadie, absolutamente nadie quiere vivir como un armario de abuela, ni con 10 ni con 70 años.

Puede que el destino dependa de los dioses, pero mi vida depende solamente de mí.

Me gustaría acabar con un fragmento de Walt Whitman (¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!, RIP Robin Williams):

Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora,
ni más juventud y vejez que la que hay ahora:
y nunca habrá más perfección que la que hay ahora,
ni más cielo e infierno que el que hay ahora.




jueves, 26 de junio de 2014

Dientes de leche


Monet

Un gramo de Soma cura diez sentimientos melancólicos (Huxley)


Hacía mucho tiempo que no recordabas lo que era que te doliese el corazón en forma de ardor. Te quema por dentro. Te cuesta respirar y te paraliza durante unos instantes. Pruebas a llorar. Funciona. El cuerpo se relaja un poco, pero sientes miedo porque la inseguridad te domina. No sabes qué hacer. Ese es el problema. Es presión, estrés, impotencia…

A veces eres cínica porque estás harta de tener el corazón roto y empiezas a convencerte de que el desengaño con el mundo sea quizá la última frontera que linde con la Locura. Tienes la toalla en la mano dándole vueltas y vueltas. Te tienta mucho tirarla al suelo. Pero no lo haces. ¿Por qué no debería tirarla? o ¿Por qué debería tirarla?


Dientes de leche


Viene corriendo con su hermano. Le abren la puerta del coche para que entre. Te mira durante una milésima de segundo y sonríe, pero baja la vista porque le da vergüenza. Se sienta y te mira de reojo poniendo los incisivos sobre el labio inferior como si fuese un conejito. ¡¡¡Sorpresa!!! Te ha robado el corazón (risa de Nelson, de los Simpsons).

No sé cómo enfatizar el mencionado robo para añadirle mayor intensidad y/o significado. Es como si fueses consciente del acto y encima fueses cómplice, porque en realidad te has dejado robar el corazón. Quizá esa sea la expresión más exacta. Ocurrió bajo un cielo ceniciento y el protagonista es un niño de tres años muy delgado y pálido.   

Te ha enseñado sus perfectos dientes de leche y sabes que ese gesto significa algo, aunque en ese momento no sabes el qué. Es algo más allá de lo obvio, es decir, de la mera vergüenza de un niño que no sabe cómo reaccionar ante alguien que acaba de conocer o del reloj biológico que nos afecta a todas (sí nos afecta y tampoco hay que dramatizar por ello). Es un mensaje subliminal. Apelando a tu memoria caprichosa (la cual funciona cada vez más como le da la gana), le pides que por favor se acuerde de esto para pensarlo después cuando tengas un rato a solas. Y guardas el recuerdo como si fuese una foto Polaroid. Le observas fijamente: los ojos, el pelo, las orejas, las manos, el timbre de su voz cuando canta o ríe. Te encanta verle comer helado, sandía o galletas. No quieres perderte ni un solo detalle. ¡Es la persona que has dejado que te robe el corazón! Pues claro que tienes curiosidad por conocerla. Y cuanto más le observas y conoces, más te enamora. Es un niño encantador.

Todas las madres saben que sus bebés sufren mucho cuando les salen los dientes de leche. Es un dolor por el que tienen que pasar sus hijos para que crezcan. Pocos años después, esos dientes de leche se caerán y darán paso a unos nuevos.

Estos últimos años me sentía como una mujer de 40 años en un cuerpo de veinteañera: demasiado madura, vieja, harta de la vida y sin muchas esperanzas a las que aferrarse. Pero estaba equivocada. Todo esto que estoy viendo y sintiendo sigue formando parte de una persona que está creciendo, que sigue creciendo y no se ha quedado estancada. El dolor que se siente cuando nacen los dientes de leche es un buen ejemplo para expresar en qué consiste el crecimiento. Es una casilla por la que debes pasar para poder seguir adelante y evolucionar hacia alguien a quien aún le quedan varios viajes por delante, cosas por ver, sentir, probar; personas que conocer y recibir con los brazos abiertos, y también dejar marchar porque se acabó el tiempo que tuvisteis que compartir en esta vida.


“Antes de que surja además del Amor”


Ha llegado a mí un escritor nuevo. Me compré varios libros suyos impulsivamente porque el prólogo de uno de ellos era simplemente el siguiente:

Me pregunto si hoy no has tenido hambre de Amor.

Y estas son algunas de las frases que más me han gustado hasta ahora:

- Dependiendo del caso, hay gente que no llega a la meta. Así es. El amor puede hacerte sufrir toda la vida sin contrapartida o beneficio alguno. Si crees que entonces la vida es lamentable e injusta, entonces es que aún no estás preparado para desear un Amor Verdadero.

- Espero que prefieras vivir una vida en la que puedas añadir valor a alguien en lugar de una vida en la que quieras poseer todo y a todos.

- Si dentro de ti no han florecido flores, aunque todo el mundo esté cubierto de ellas, aún no habrá llegado de verdad la primavera.

Porque eso es el Amor entre otras cosas. Es Dar, no Recibir. Dar sin esperar absolutamente nada a cambio. Es un acto voluntario, no mezquino y calculador que cuenta uno a uno los regalos dados y recibidos ni los mensajes enviados y recibidos.

¡Viva por esa mujer que, a pesar de ser infeliz con su pareja, en el corazón sigue teniendo ansias de aventuras y desea fervientemente besar unos labios nuevos! ¡Viva por la mujer que está dispuesta a recorrer medio país ahora mismo para comprobar que ese chico que apenas conoce merece la pena volver a ver! Y viva por aquella que, aun sabiendo que va a seguir sufriendo, prefiere quedar de nuevo con el chico que la hizo sentir realmente viva en lugar de dejar pasar la oportunidad y no sentir nada. Esto es hambre de Amor y sólo se consigue cuando uno va a pecho descubierto sin armaduras, cotas de malla ni chalecos salvavidas. Esto sí que es darlo todo y arrepentirse, que arrepentirse de no haberlo hecho. Esto sí que es saltar al vacío y arriesgarse.

Esto sí que es Carpe Diem.

miércoles, 25 de junio de 2014

Elecciones

La ley de Murphy, coadyuvante universal para mezclas explosivas, presenta: Cómo liarla petarda en tres cómodos pasos. Fácil y para toda la familia.



Esto de ser adulto es un rollo macabeo. Tomar decisiones debería ser una actividad que se pudiera subcontratar de vez en cuando. A veces necesitamos vacaciones de nuestra propia visión del mundo, porque entramos en bucle y nos amontonamos. Perdemos la imagen global de nuestra vida y eso es caca.

Por este motivo, ante la dificultad de encontrar una solución satisfactoria, equilibrada y sensata, hemos decidido ofrecer la receta para liarla petarda (que es como liarla parda, pero cuando lo dices con barba y traje)¿Para qué solucionar un problema pudiendo taparlo con otro mayor? La elección está clarinete.

Primero. Debes encontrarte en un momento de cambios en tu vida y cuando creas que estabas a punto de pasar página, evitar la debacle y reinventarte, han vuelto los viejos fantasmas del pasado (nota importante: es necesario tener un timing de mierda, en general. Si tienes una flor en el culo deja de leer, esto NO te aplica) Aquí es donde hace entrada en escena la ley universal de Murphy y se lía la marimorena.

Segundo. Tienes que tener desarrollada (ver apartado de I+D de tu última analítica; normalmente la encontrarás tras la hematimetría) la habilidad de liarlaparda, fenómeno estudiado por los investigadores de la Universidad de Missouri-Llobregata. Este es requisito sine qua non para evolucionar al siguiente estadio: la capacidad de liarla petarda.

Si crees que ese momento se acerca, (los astros se están alineando, los oráculos lo han anunciado y el horóscopo –que nunca falla- lo vaticina) es recomendable agarrarse los machos (o incluso los muñoz machos) porque se avecinan turbulencias.

Tercero. Permite que un caos controlado se apodere de tu rumbo. Considera la entropía como la coordenada que guíe tu deriva. Adopta el dogma del Aleas como forma de vida. Asómate al balcón de lo desconocido y déjate sorprender...

Contraindicaciones
El impulso irrefrenable hacia el vacío es casi una constante en la vida de esos locos a los que nos gusta la sensación de cosquillas que nos producen los Gs negativos en el estómago, a los inquilinos de las montañas rusas emocionales y las tragedias de proporciones isabelinas. Vivir es nuestra droga y liarla petarda una soft skill de nuestro perfil de Linkedin confirmada por todos los que suben y bajan con nosotros. No te culpes por ello y disfruta del viaje.



Recuerda que la realidad supera a la ficción y los cambios siempre suelen ser para mejor. 
Esto son dos verdades validadas por la propia experiencia de quien suscribe. “Lo que pasa, conviene”, suele argüir un Marqués con palmarés deportivo y, como diría mi santa madre: “Lo que es para ti, bueno o malo, no te lo quita nadie”. Carpe diem, hermano.