sábado, 28 de diciembre de 2013

El Banquete, Kundera y hola

Primera reflexión en Ducha Libre


Algunas de nuestras conversaciones son memorables. Madre Teresa y yo hemos hablado varias veces sobre la posibilidad de encontrar a tu “otra mitad” y del famoso Destino. En La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, hay un fragmento que menciona el discurso que da Aristófanes en El Banquete, de Platón. Para aquellos que aún no hayan tenido la oportunidad de leerlo explicaré un poco de qué trata, ya que el discurso en sí es mucho más bello que el resumen que hago a continuación:

El Banquete de Platón, Giambattista Gigola 1790. Musei Civici di Arte e Storia (Brescia, Italia)


Antiguamente, las personas tenían cuatro piernas, cuatro manos, dos cabezas situadas en direcciones opuestas y dos órganos sexuales. Eran seres fuertes y orgullosos, tanto, que empezaron a conspirar contra los dioses para ocupar su lugar. Los dioses podrían haber acabado con ellos; medios tendrían de sobra, pero Zeus ordenó cortarles en dos mitades para debilitarles. Cuando las nuevas mitades fueron conscientes de su nueva fisionomía, empezaron a añorar a su otra mitad. Algunos se volvieron locos buscándola y otros murieron intentando recuperarla. El panorama debió ser bastante desolador, puesto que dentro de Zeus afloró la piedad. Entonces decidió trasladar los órganos sexuales hacia la parte delantera de los nuevos seres para que pudiesen hallar placer o encontrasen visos de unidad aunque fuese durante un rato. También les concedió la posibilidad de crear prole, siempre y cuando se juntasen una mitad masculina y otra femenina.

Conforme se lee a Kundera, el lector puede empezar a preguntarse:
- ¿En la vida estamos destinados a ser uno?: me gustaría subrayar “destinados”.
- ¿Dónde está mi mitad?: creo que habría que matizar “esa ansiada mitad que llevo buscando toda mi vida”.

Después podría seguir preguntándose:
- ¿Es esta mi mitad?
- ¿Cómo sé que esta persona es o no mi mitad? ¿Qué pruebas tengo de ello? “Estoy segura de que es mi mitad. Y no pasa nada si no lo es porque yo la amo y haría cualquier cosa por ella”. Pero y si se cruza en mi camino la que sí que es, ¿dejo a esta persona que tanto amo y voy detrás de mi otra mitad o me quedo como estoy?

Y tal vez:
- ¿Seré yo que soy rara y por eso no la encuentro?
- ¿Me falta algo?
- ¿Es que soy fea?: es mi favorita.
- ¿Por qué todos tienen pareja menos yo?
- ¿Por qué se besuquean tanto estos de enfrente? Que se vayan a un hotel, no que lo hagan aquí en el Metro, por dios, ¡qué poca decencia y decoro tienen los jóvenes hoy en día!
- ¿Por qué es tan bonita la navidad?
- ¿Por qué? ¿Por qué? ¡¡¿¿Por quéeee??!!

A mí me hubiese gustado mucho saber qué hacían esos seres bicéfalos antes de haber levantado la ira de los dioses. Para ellos, ser UNO tiene que haber sido lo mejor del mundo, ya que cuando les dividieron se desesperaron. ¿Cómo sería vivir un amor completo y estar con tu mitad en perpetua compañía? ¿Es algo que debería anhelar? Creo que la evolución nos ha acostumbrado a ser más o menos independientes y vivir de nuevo siendo un solo ser sería bastante agobiante hoy en día.

Podría seguir escribiendo sobre la fe que deberíamos tener (o no) en el Amor e intentar convenceros (o persuadiros) de ello; también podría profundizar y hablar sobre el Destino pero no me apetece.

Sin embargo, me gustaría recomendaros El Banquete. Por supuesto que no da las respuestas a las múltiples dudas que tengamos sobre el Amor (ningún libro lo hace) ni habla de cómo ser un buen anfitrión en las fiestas (jajaja, chiste malo). ¿Entonces por qué leerlo? Las obras filosóficas pueden ser muy entretenidas y esta es una de ellas. Cuando os apetezca leer disertaciones de este tipo, en menos de cien páginas encontraréis siete puntos de vista distintos, siendo el de Sócrates, en mi opinión, el mejor porque invita a la reflexión.

Hace unas semanas, a Madre Teresa y a mí nos abordó un chico en Fuencarral. Salíamos de una discoteca y nos dirigíamos hacia Cibeles. Intentó darnos conversación y ser simpático pero no era un buen momento. Era un mal timing. Días después escribí a mi amiga por Facebook perorando de noche sobre el mencionado mal timing y las inquietudes (llamémoslo así para que quede más elegante) amorosas que me quitaban el sueño. A raíz de ello me invitó a escribir en Ducha Libre. Una idea fantástica, al menos de momento. Así que muchas gracias por la invitación. Espero que sea la primera de muchas reflexiones absurdas de gente que no sigue sus propios consejos.  


viernes, 6 de diciembre de 2013

El hallazgo

Sobre la crisis de los 25, la locura como punto de encuentro y las Princesas Disney

Las chicas son guerreras. Aquí la princesa Jasmine callando un par de bocas.

Recientemente he descubierto que, contra todo pronóstico, voy camino de alcanzar una sobria, adusta y circunspecta madurez intelectual y emocional, algo que -ya te lo adelanto- no entraba dentro de mis planes, ya que pretendía ser una alocada y atolondrada (pero adorable) persona con delirios de Campanilla, flores en el pelo y dueña de un cerdo vietnamita que respondiera al nombre de Ringo.

Sin embargo, al llegar a esta etapa de los 25, año de transición donde los haya, -donde te das cuenta de que ya no tienes edad para ciertas cosas pero que tampoco quieres hacer cosas que consideras de pureta-, he descubierto que soy más sensata de lo que cabría esperar tratándose de una persona que duerme con un peluche en forma de galleta de jengibre humanoide. De modo que, en esta complicada edad, en la que el gerundio jurídico me viene a la yema de los dedos con más frecuencia de la deseada, me ha sido revelado el mayor de los secretos de esta vida, información top secret reservada sólo a unos pocos elegidos y que yo aquí, en este foro de dementes y de locura sin cura ni remedio que la remiende, en un acto de infinita filantropía, he decidido compartir con vosotros, queridos lectores, amigos y residentes en esta verde Tierra.

Este hallazgo no lo enunciaré con argot científico, ni tampoco será necesario resolver un logaritmo neperiano para entenderlo, sino que lo voy a reducir a una verdad universal, prosaica, llana y cierta como la vida. Se puede abordar desde diversos prismas pero la máxima es idéntica: todos estamos un poco locos pero nuestras locuras son diferentes, la cuestión es encontrar a un insensato que comparta nuestra insensatez, que hable nuestro mismo idioma. Porque lo que importa a la hora de la verdad no es que esa persona, ese trabajo, esa camiseta o esa ciudad sean 'objetivamente' perfectos, sino que sean perfectos para nosotros.

Los decanos de la psiquiatría y el psicoanálisis se hallan abrumados frente a este descubrimiento que, además, para mayor desconcierto de la comunidad científica, ha tenido lugar en España, país pionero en la desinversión en I+D.

Como puedes sospechar, desde el Consejo Editorial de DUCHALIBRE.BLOGSPOT.COM.ES, somos conscientes de que no hemos descubierto la pólvora, pero a veces es necesario recordar a las hordas de lectores de este espacio (patrocinado por Chilly) que hay vida más allá del verano, que hay que perseverar en la búsqueda del perfect match y que, cuando ese falla, es justo y necesario desempolvar el monóculo, tirar los dados de nuevo y volver a pasar por la casilla de salida. Porque hay algo ahí fuera que está hecho a tu medida (no es que haya 'un' algo, es que hay muchos 'algos', en realidad), así que no te quedes con lo primero que encuentres, porque te mereces más... ese 'algo' que te satisfaga a todos los niveles. 

Por esto y por otras muchas razones, hoy queremos nadar a contracorriente y desde aquí romper una lanza (o siete) a favor de las Princesas Disney, tan denostadas últimamente por una niña, un monstruo sin corazón, que las descalificaba de forma totalmente infundada.

A ver, niña, te voy a explicar un par de cosas que deberías saber antes de hablar y que aquellos que te han aplaudido parece que han pasado por alto: primero, las Princesas Disney son chicas que salen a buscarse las habichuelas, algunas abandonando la relativa comodidad de sus casas (véase Jasmine, que renuncia a ser princesa si eso significa que la casen con un cualquiera o Ariel, que decide jugársela y darle su voz a una bruja con ocho tentáculos a cambio de un par de piernas porque se ha enamorado de un humano y eso a pesar de que su padre es Tritón y es el Rey del Mar); segundo, hay que tener mucho valor para subirse en una maxicalabaza tirada por caballos que antes eran ratones o para salir a buscar al loco de tu padre y ofrecerte como prisionera de por vida de un bicho gigante que vive en un castillo donde los armarios se comportan como auténticas barruchonas, y tercero (y no menos importante) Mulán y Pocahontas también son Princesas Disney y tienen más pelotas que todos los protagonistas masculinos de sus respectivas películas juntos. La cuestión es que ninguna de ellas se conformó con su particular statu quo y quiso más y quiso mejor, así que menos lobos, Caperucita!

Y después de darle una lección virtual a esta niña (que se convirtió en vídeo viral en dos días mientras que a mí no me lee ni mi madre), os digo lo que venía diciendo: no desesperéis, lo que queréis está ahí fuera, aunque es muy probable que no esté aguardando vuestra llegada y tendréis que luchar, bregar, descamisaros y desviviros por ello, pero existe en algún lugar, os lo garantizo.

Disfrutad del camino y estad abiertos a aquellos que quieran compartir su locura con vosotros... porque lo mejor de esta vida es encontrar lo que buscas donde menos te lo esperas. Así que levad anclas y a por ello, tigres, que si las Princesas Disney se hubiesen quedado a verlas venir el tío Walt no habría tenido nada que contar.
(y para ti, niña vírica, rebota rebota y en tu culo explota)

domingo, 17 de noviembre de 2013

Obsolescencia programada

Cuestión de perspectiva

Sobre las escaleras, el síndrome de insatisfacción crónica y los dependientes de Stradivarius

Calidad Henkel 

Decía William Shakespeare: "si todo el año fuera fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar". Porque en esto de la vida, todo es cuestión de perspectiva. El mejor ejemplo de ello es preguntar a un gallego si una escalera sube o baja. Depende, te contestará. Y tendrá razón. 
Otra guerra completamente distinta es saber qué significa eso si lo extrapolamos a la vida diaria, con sus escalones cotidianos, los del metro, los de la clase social, los de Penrose... Yo tengo una teoría al respecto. 

En este mundo que moramos hay tres tipos de escaleras: las que van a un sitio al que queremos ir, aquellas que nos llevan a lugares donde tenemos que ir (véase por narices) y las que ansiamos subir aunque en realidad no nos llevan a ningún lado (estas últimas las más absurdas y, pardiez, las más intrigantes)Las que pateamos cada día con todos sus peldaños contantes y sonantes son las segundas, pero las que miramos de reojo, deseando hincarles el diente, son las terceras (que unas veces nos meten en bucles infinitos o en otras nos lanzan al vacío sin previo aviso) mientras que las primeras son, en buena lógica, las que deberíamos tomar(y, diantre, que normalmente no lo hacemos)

*(Créeme que esta escalera es de las que llegan a alguna parte. Hay un subtexto en este embrollo escalerístico, ten fe, j'arrive)

Sin embargo, la cuestión de fondo es que una vez arriba del todo, cuando has conseguido encaramarte al final de la escalinata que creías querer subir, te encuentras con un visitante inopinado. El síndrome de insatisfacción crónica acecha, agazapado, con pérfidas intenciones, dispuesto a pegarnos una patada en nuestro ingenuo trasero y devolvernos al punto de partida con un poco más de desconcierto que antes y con bastante menos amor propio. Me explico.

Todo el esfuerzo e ilusiones invertidos ahora nos parecen inútiles. Una vez llegados a ese punto nos damos cuenta de que realmente no nos satisface tanto como pensamos y lo mandamos a freír monas. Como Íñigo Montoya, que pasó veinte años persiguiendo vengar la muerte de su padre, una vez logra redimirse se queda vacío, sin objetivo existencial. Así nos sentimos los Madame Bovarys de este mundo, decepcionados por la vida que vivimos, ansiando siempre tener lo que no podemos alcanzar.

Y así, aburridos por lo mundano, cogemos el 25. Sin futuro y sin un duro, ponemos rumbo al centro, para ejercitar ese deporte tan contemporáneo que es mirar ( y desear) lo que no podemos tener. LLegamos al lugar señalado, los planetas se han alineado. Nunca pagar fue una tarea tan placentera. Tanta belleza reunida bien vale el paseo, y con frío y bajo la lluvia incluso. ¿Qué pasaría si alguno de ellos osara obsequiarnos con sus atenciones? Ya te lo digo yo... pasaríamos del tema. 

De modo que, siendo probable que denostemos lo conseguido por esa afección crónica que nos vuelve culos de mal asiento, lo más recomendable es que disfrutemos de cada peldaño, alarguemos los tramos intermedios de esas escaleras que no sabemos donde nos llevan porque, conociéndonos, tiraremos por tierra nuestros ímprobos esfuerzos por llegar arriba en cuanto cambie el viento.

Así pues, obsolescentes mentes del mundo... vuelvan al infierno del que nunca debieron salir y déjenme disfrutar del camino, copón!

lunes, 4 de noviembre de 2013

2001: una odisea en el espacio euclídeo



Sobre las leyes de la física, la danza contemporánea y la toma de decisiones.



El pre humano feliz en sus quehaceres


En la danza hay dos premisas básicas para generar el movimiento: la asimetría y el desequilibrio. El movimiento genera acción y toda acción una reacción. A menudo se nos olvida esta ley universal que un buen chichón le costó a Newton y que debería estar escrita con letras magnéticas en las neveras de todos los hogares. Ser o no ser, carne o pescado, slips o bóxers, Víctor o Victoria, en tu casa o en la mía, ahora o nunca… Demasiados interrogantes cuya respuesta solo puede ser descubierta aplicando la tercera ley del físico con nombre unidad de fuerza.

A veces nos estrujamos los sesos intentando averiguar qué es lo que queremos. Empezamos a excavar en nuestro subconsciente buscando las minas del rey Salomón, creyendo que la respuesta se encuentra oculta por algún lado, entre sueños rotos, fantasías sexuales y traumas inconfesables, pero lo cierto es que el auto psicoanálisis es una habilidad que muy pocos poseen y que, por alguna extraña razón, siempre desemboca en suicidio.

El hombre es un ser anacrónico e inadaptado a su tiempo, un fósil en el Reina Sofía.  Por eso nunca sabe lo que quiere. El mundo que nos hemos inventado y el pasillo de las galletas del Alcampo son lugares tan sumamente complejos que no estamos preparados para tomar una decisión entre infinitas posibles variables. En el origen de los tiempos, cuando todo era sota, caballo y rey y reinaban el hambre y la mugre por encima de todas las cosas, los pre humanos hacían simplemente lo que estaban programados a hacer: sobrevivir. Ahora lo de sobrevivir ya no tiene mérito y tenemos que lidiar con preocupaciones (maldita sea) mucho más banales.

Así que la única manera que tiene el hombre para enfrentarse a vicisitudes modernas, tan mundanas pero complejas a la vez, es el método del ensayo y error. Sólo podemos saber lo que queremos descartando lo que no queremos y, para ello, hay que lanzarse a la piscina sin manguitos, a pelo. Probar, probar y probar.

Para encontrar la salida de un laberinto no parece muy buena opción sentarse a hacer hipótesis de recorridos y posibles salidas. Lo más lógico sería echarse a andar, elegir un camino y, si nos topamos con una pared que no nos deja avanzar, retroceder al punto de origen y repetir el mismo proceso hasta que encontremos la salida. Esto mismo es lo que tenemos que hacer cada día para poder ir sumando checkpoints de aprendizaje, es decir, poner un tick en todas aquellas acciones o decisiones que está clínicamente probado que funcionan con nosotros.

Aunque parezca que vuestro cerebro va a mil por hora cuando tenéis que tomar una decisión importante, sabed que  D no es igual a V por T en el espacio intracraneal. Lo más complicado es dar el primer paso, poner la postura del flamenco y dejarse caer hacia un lado. Cumplid a rajatabla las leyes de la física, que las leyes están para eso y dad un paso en cualquier dirección. Veréis como se os abre un camino… o se os cierran treinta, pero oye, algo empezaréis a sacar en claro.


Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

lunes, 28 de octubre de 2013

Malas vibraciones

La montaña rusa

Sobre la intuición femenina, los ciclos pendulares y el extra petita

Madrequemeparióoooooooooooooooooo!!!!

Dicen los que saben de cosas importantes que de todo nuestro tiempo de vida al final sólo recordaremos aquellos momentos en los que nos la estábamos jugando, cuando no sabemos ni por dónde nos llueve, esos instantes de zozobra e incertidumbre en que construimos nuestra identidad como quien hace un castillo de naipes y teme una letal corriente de aire que mande sus sueños y esperanzas a hacer puñetas.

Bien pues estoy oficialmente hasta la carta de ajuste de tanta ida y venida. Así te lo digo. Tengo la intuición femenina haciendo horas extra, mosqueada sin vacaciones y me está alertando de innumerables peligros por doquier. ¿No hay manera de silenciar esa molesta costumbre de analizarlo todo cual bipolar y rubia-teñida agente de la CIA?

Se supone que, como en todos los ámbitos que conocemos de este mundo nuestro (arte, economía, filosofía...), la cosa va por rachas, ciclos pendulares que lo llamarían algunos; alternando periodos apolíneos y dionisíacos, o dicho en lenguaje cervantino, rachas de equilibrio, serenidad y belleza como proporción, con rachas de caos, convulsión y belleza como exceso. 

Y en esta montaña rusa nos hallamos, señores, y lo peor es que nadie nos avisó del intríngulis por si teníamos vértigo, si preferíamos algo más tranquilito o directamente éramos de los que nos quedamos guardando las mochilas mientras los demás echan hasta su primera papilla subiendo a ese enredo metálico del infierno.

No nos preguntaron y aquí estamos, con todos los orificios cerrados por acción de la adrenalina, los sentidos funcionando alertados por el terrible peligro en que estamos inmersos, procesando toda la información que captamos de nuestro entorno, tratando de tener localizadas todas las posibles salidas de emergencia... no vaya a ser que tengamos que saltar en marcha.

La vida y sus turbulencias. Siempre esperamos llegar sanos y salvos a la orilla aunque sabemos que durante el viaje se van pasando checkpoints que marcan puntos de no retorno y ya nunca podrá ser como antes, para bien o para mal. 
Sin embargo, lo más confuso, frustrante y maquiavélico del asunto es que a veces hay puntos en los que tú esperas leche y cacharro y recibes, sin pedirlo, soffiato de chocolate relleno con emulsión de chocolate blanco... y te quedas loco.

Después te acostumbras a la exquisitez, porque a nadie le amarga un dulce, somos de morro fino y un tanto veletas, criaturas débiles seducidas por el placer. No renunciaríamos a Satanás ni aunque nos lo pidiera un montón de gaticos metidos en una cesta con cara de no haber arañado un sofá en su vida. Somos esclavos de nuestra bonvivantez, pero se nos olvida con frecuencia que lo bueno nunca dura; que después de Apolo llega Dionisos, que el péndulo va y viene y no se detiene.

Y eso a lo que te hicieron el cuerpo sin tú pedirlo ahora te lo quitan y pataleas. Esto es una incongruencia, una causa de impugnación, señoría, por extra petita: me han dado más de lo que pedí... pero ya lo decíamos antes, acabas de pasar el punto de no retorno. Buena suerte, amigo, tu equipaje de mano se ha convertido en un bulto que facturar aparte. ¿Estás dispuesto a pagar el precio?

Si no lo haces te quedas en tierra, es una decisión como otra cualquiera. Pero sabes que lo que quieres sigue estando al otro lado del jet lag, de las horas de avión y los controles del aeropuerto. Ya eres consciente de que después de dos caras ñu viene una cara de ángel. Así que nada, de algo hay que morir: todo al 22 negro.

sábado, 19 de octubre de 2013

El chuchaso



Sobre la Generación del 27, la Biblia y la Cienciología  

Xenu en el 15M
                          
                                                   
    “¡Porque yo me fui con el otro, me fui! Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería,  ¡óyelo bien!; yo no quería, ¡óyelo bien! Yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!” – Bodas de Sangre, Federico García Lorca.

No hay mejor forma de explicar lo inexplicable. La fruta prohibida es siempre la más apetecible. Que se lo digan si no a Adán y a Eva, víctimas en primera instancia de la irremediable condición humana.  La versión 1.0 (Beta) del ser humano venía ya con la Tara de serie y, aún hoy, no se ha conseguido actualización ni parche que lo remedie.

    Ahí está el negocio más grande de todos los tiempos: hacernos sentir culpables por hacer lo que estamos programados a hacer. Es decir, a ver si te aclaras. En lugar de aceptar que nos seduce todo aquello que da repelús, vamos por ahí diciendo de boquilla “yo de este agua no beberé”, o peor aún “yo de este agua no volveré a beber”. Pero lo que en realidad  hace que nos bailen  mariposas en el estómago, no nos engañemos, es pensar que somos como exorcistas capaces de sacar el demonio de cualquier pobre alma desgraciada… Una y otra vez. Y si se parece al anterior, mejor. Qué perdición.

Muchos no son conscientes de esto hasta esa edad en que encuentran como prioridad suprema en la vida poner bolitas de naftalina en los armarios, y acaban viviendo vidas que creen felices por haber sabido repeler los embates de la Tara. Cuando finalmente se dan cuenta de su miserable condición humana, ya no están tan receptivos como en aquéllos años en los que hablaban en griego por el teletipo, you know. Unos se dan al budismo, otros al paganismo o incluso al loveoflesbianismo, pero a la mayoría les da un chuchaso en la cabeza mayor que el que tiene Ana Obregón (actriz y bióloga) y tienen que acudir irremediablemente a purgar sus paranoias y sus bolsillos al arrullo de la iglesia de la Cienciología.

Por eso, todo ese rollo del pecado original me huele a chamusquina. A mí no me la metes doblada, Guionista. Tú quisiste hacer un Gran Hermano y ahora nos juzgas por el edredoning. Por eso, y por todos los beatos sufrientes de este mundo, voy a hacer una afirmación que va a tambalear todos los dogmas religiosos habidos y por haber, excepto, por supuesto, el de  la existencia de Xenu: si pecar es entrar en sintonía con los reflujos más bizarros de nuestros adentros… ¡pequemos como salvajes! Basta ya de esconder nuestros demonios bajo la alfombra una y otra vez. Asumamos la Tara primigenia como parte de nuestra naturaleza y dejémonos arrastrar por nuestros torrentes más salvajes.


Hoy, rompo una lanza a favor de esto. Mañana, ya veremos.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Actos reflejos

Estornudar con los ojos abiertos

Del destino, el amor fóbico y el Hummus de Mercadona

El amor de Psique, escultura del Neoclasicismo, por Antonio Canova

Contaba Apuleyo en su Metamorfosis (hace unos diecinueve siglos) una historia en la que el amor irrumpía en las vidas de unos sujetos que no se habían planteado enamorarse; el amor le daba una vuelta de campana a sus existencias y, tras algún que otro vaivén, acababan por asumir lo inevitable: uno no decide cuándo ni por quién perder la cabeza, simplemente pasa. Shit happens, ya tu sabe.

Y tratar de zafarse de las garras del amor es como tratar de estornudar con los ojos abiertos, no diría que imposible pero sí altamente contranatura, posiblemente desagradable a la vista, grotesco y, a decir verdad, sin mucho sentido. Sin embargo, mucha gente lo hace (intentar escapar de Cupido, no lo de los estornudos, claro), un fenómeno que se ha venido a catalogar como Filofobia y su resultado, el amor fóbico, es ese en el que uno (o incluso ambos, dios mío!) de los implicados guarda un comodín de "Queda libre de la cárcel" durante toda la partida del Monopoly. Un estado de conspiranoia constante en el que se tiene una bomba de humo preparada en caso de que la cosa no pinte bien.

Este miedo irracional, mecanismo de supervivencia, puede tener diversos orígenes pero una sola finalidad: evitar el sufrimiento de un desengaño amoroso, lo que lleva a los filofóbicos a hacer mutis por el foro en cuanto la prima de riesgo alcanza los 400 puntos básicos. Un modo más de escapismo, aunque quizás el más absurdo de todos porque enamorarse, -siendo el amor una necesidad biológica, fisiológica, probablemente metafísica (y casi con total seguridad creada por El Corte Inglés)- , es un acto reflejo, como cerrar los ojos durante un estornudo.

Porque un día tienes invitados en casa y vas a Mercadona en busca de algo suculento, que sea un triunfo seguro, fácil y para toda la familia. Llegas, sin saber cómo, a la sección de refrigerados y allí encuentras algo barato, original, exótico a la par que sabroso, coges el Hummus y te lo llevas a casa, pensando que por un día no pasa nada. Cuando de repente lo pruebas y sientes una explosión de sabor en tu boca, tus pupilas se dilatan, comienzas a salivar... puedes estar seguro de que Cupido ha hecho de las suyas. Tratar de ir a Mercadona y no echarlo de nuevo a tu cesta es tan disparatado como intentar huir de tu destino, tan antinatural como estornudar con los ojos abiertos, tan insensato como cerrarse al amor cuando éste llama a la puerta, tan incoherente como rechazar pertenecer a un club en que acepten a gente como tú como miembro.

De modo que, haz el favor de incorporar el Hummus a tu dieta, que es sano y está rebueno. Cierra los ojos al estornudar y enciende el extractor cuando cocines. Déjale un cajón para los calcetines al amor y nunca, repito nunca, te tomes demasiado en serio la vida, nunca saldrás vivo de ella.






domingo, 29 de septiembre de 2013

La brecha


Sobre el teletransporte, el subconsciente y la buena literatura.



Mucho más atrevido que Harry Houdini, Uri Geller no decía ser escapista, más aún, decía ser teletransportista, tal y como escribió en su autobiografía (Uri Geller,My Story, 1976) y que espero ninguno de ustedes lea salvo en su lecho de muerte, y solo y únicamente “pa las risas” justo antes de teletransportarse al Más Allá. Pues bien, el tristemente famoso Geller afirmó en este libro, del que se conocen dos únicas copias, la suya y la de su madre, que la teletransportación es posible y a él le sucedió. Y yo, Ave María Purísima - sin pecado concebida-, Padre, quiero confesarle que LE CREO. -¡Milagro hijo!- Padre… no sea iluso.
¿Puede ser la teletransportación equiparable a la pérdida momentánea de consciencia que ocurre en un orgasmo? Sí. Esto es algo que el ser humano descubre en solitario, a edades diferentes y que experimenta de forma más o menos satisfactoria. Para Uri Geller debió ser sublime. Tanto, que escribió un libro entero para contárnoslo.
Pero ojo, que cuando esta pérdida de consciencia se produce en otras circunstancias menos íntimas, es decir, cuando sucede y se tiene la puerta de la habitación abierta, es que algo está empujando al subconsciente a salir a la superficie y uno se descubre haciendo cosas nunca antes imaginadas. Porque cuando el subconsciente encuentra una brecha hacia lo consciente, agárrense amigos que vienen curvas: el asunto es solo equiparable a una posesión demoníaca de esas en las que acabas haciendo el pino puente como nunca antes en tu vida, y ya se sabe que pillo del Lucífero es porculero y cuando se encona… se lo pasa uno bien. Los síntomas más comunes en los primeros momentos son la desorientación, la negación, la culpabilidad y sobre todo un profundo “Ya coñooooo”. Tras esto, inevitablemente, los chacras se reorganizan y los propósitos de año nuevo caducan. Venda sus acciones, porque ya no es lo que era antes. Ahora es un producto altamente volátil.
      Sí, querido leyente. Enhorabuena. Se ha soltado usted la melena. Déjese arrastrar placenteramente por el torrente desbocado de su propia mierda. Y es que ya se sabe que un mal pedo está mejor fuera que dentro, y que hasta que no se huele no se sabe cuál ha sido su combustible. Así que afine usted bien el olfato y descubra el por qué de su podredumbre antes de que una flojera de esfínter le vuelva a pillar desprevenido.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La muralla

La gran huida hacia delante


Sobre el escapismo, la bipolaridad (incluso la tripolaridad) y los catálogos de Media Markt.




Harry Houdini era escapista. Eso es algo que no se te escapa. Lo que quizás no sepas es que luchó durante gran parte de su vida contra la creencia en lo paranormal y en el espiritismo, y sin embargo entre los magos existe la tradición ritual de invocar a su espíritu cada 31 de octubre (coincidiendo con el aniversario de su muerte) Manda narices. 
Recuperando el hilo, que diría Teseo, vuelvo al escapismo. Esa práctica consistente en sacar los pies del tiesto sin que el respetable se percate de que estamos más fuera que dentro. Una técnica que parecería demodé de no ser porque la aplicamos a diario. 

Escapismo para no poner nombre y apellidos a lo que queremos, nos pasa, nos inquieta, nos gusta, nos disgusta, nos obsesiona... algunos además combinamos el escapismo, por solo un euro más, con extra de queso. Así llegamos a la madre de todas las cuestiones, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo encontramos el camino del baño por las noches, dormidos, sin gafas, con la luz apagada y descalzos? A tientas. Pues así vamos por la vida. A veces es mejor no encender la luz y hacer lo que tengas que hacer a oscuras para evitar sustos. Pero eso es muy triste, ¿o no? 

¿La vida es un sprint o una carrera de fondo? ¿La juventud es un divino tesoro, cogemos las rosas mientras podamos o regamos la sequoia para que crezca y dentro de tropecientosveinticinco años podamos tomar unos zumitos a la sombra? ¿Al que madruga Dios le ayuda o no por mucho madrugar amanece más temprano? ¿Amor fou o amor fóbico? ¿Compro ahora o me espero a que salga el nuevo modelo? El bottom line es que no sabemos a qué atenernos cuando se trata de tomar una decisión cuyos efectos creemos que tendrán cierta influencia y duración en nuestra vida. 

Sin embargo, nuestro cuerpo nos dice mucho antes que nuestro cerebro qué es lo que queremos hacer, por ese motivo -si pedimos consejo a varios amigos ante una disyuntiva- siempre daremos más crédito a la opinión que apoya la idea que intuitivamente hemos propuesto, votado y adoptado cuando la 'lógica' había salido un momentito de la sala porque no sabía qué frase poner en su estado de Whatsapp. 

Sabes lo que quieres aunque no lo pongas en palabras. A pesar de que lo escondas bajo litros de maquillaje salta a la vista que eres cangreja; por muy largo que te dejes el flequillo se sigue notando que se te ve el cartón... así que no te calientes el perolo. Recuerdas la frase esa que dice 'es lo que me pide el cuerpo', pues eso es lo que te quiero decir cuando te digo que abras los chakras de tu cuerpo, todos tus puertos USB, y dejes que la información fluya.

Una vez que los sensores, neurotransmisores, microchips y emisoras de radio piratas hayan encontrado tu sintonía y se conecten a ti conseguirás enterarte de las noticias de tus entrañas, que hablan más claro que tu cerebro, salvo que tus entrañas piensen con el culo, en cuyo caso, siempre nos quedará París.

El momento es ahora. Sea lo que sea que traes entre manos está pasando en este mismo instante; mañana no sé si seguirá existiendo, esperándote a que te decidas porque -como sabes- los catálogos de Media Markt tienen un plazo de validez para las ofertas que contienen... Si la duda es entre hacer o no hacer, hazlo! Si es entre mojarse o quedarse en la orilla, quiero verte chapotear como un cerdo en un lodazal! Si tu cabeza te da razones que a tu cuerpo le cuesta entender es que, "Houston, tenemos un problema", así que haz el favor de reiniciar el sistema y sigue tu instinto... y a Japón con esa mierda!